viernes, 20 de febrero de 2026

China fabrica el 90% de los robots humanoides del mundo y la razón no es su política industrial: es cruzar la calle

China fabrica el 90% de los robots humanoides del mundo y la razón no es su política industrial: es cruzar la calle

En el Año Nuevo chino, 16 robots humanoides de Unitree bailaron una danza folclórica ante casi mil millones de espectadores. Occidente reaccionó como siempre: unos con pánico, otros con desdén, otros con una indisimulada admiración que a veces tiende a elucubrar teorías con más clichés respecto a China que análisis real.

Ninguna de esas respuestas es del todo cierta y esa ceguera tiene un coste.

El contexto. China fabrica cerca del 90% de los robots humanoides que se venden en el mundo. En 2025 se enviaron unas 13.000 unidades, con empresas chinas (AgiBot, Unitree, UBTech...) dominando el ranking por volumen, según datos de Omdia recogidos por Bloomberg.

Tesla, con toda su reputación de marca y todo su aparato industrial, desplegó internamente alrededor de 800 unidades del Optimus ese mismo año.

La cifra. El G1 de Unitree cuesta 13.500 dólares. El Optimus de Tesla superará los 20.000. Esa brecha es la diferencia entre poder iterar diez veces con el mismo presupuesto o quedarte en una.

Entre líneas. El relato que circula en Occidente tiene dos versiones, igual de perezosas:

  1. La primera: todo esto es el plan quinquenal, la mano del Estado, la política industrial hecha robot.
  2. La segunda, reservada a los más condescendientes: es porque copian.

Ninguna de las dos explica lo que de verdad está pasando.

La ventaja china en robótica no viene del Partido Comunista. Viene del Pearl River Delta y del Delta del Yangtsé: los dos ecosistemas de fabricación más densos del planeta. Motores, actuadores, sensores, PCBs personalizados... todo está disponible a la distancia de un paseo. Es lo que describe Rui Xu, ingeniero que ha trabajado en startups de robótica en China y en Silicon Valley.

  • Cuando Unitree quiere probar un nuevo diseño de articulación, cruza la calle y vuelve con el componente adecuado.
  • Un equipo en San Francisco tiene que espera rsemanas para recibir el mismo componente desde China.

El trasfondo. Esa diferencia de velocidad de iteración lo cambia todo en ingeniería de hardware. Deja de ser un problema de talento, porque los ingenieros chinos y americanos son igualmente capaces, y pasa a ser un problema de infraestructura.

Romper un robot, aprender, sustituirlo y volver a intentarlo: eso es lo que construye la ventaja técnica acumulada. Si romper un robot cuesta tres semanas de logística, el aprendizaje se para y los tiempos se alargan.

Sí, pero. China sí tiene apoyo estatal, y es completamente legítimo señalarlo. El gobierno ha inyectado mucho dinero en ese sector y ha fijado objetivos de producción. Pero no es que Silicon Valley sea una región empobrecida: tiene más capital, inversores con más experiencia y recursos, y más décadas de experiencia financiando apuestas de alto riesgo. Si esto fuera una guerra de ver quién tiene la chequera más gorda, Estados Unidos ganaría con comodidad. Pero no lo es.

Además, el dinero estatal chino viene con ataduras: se clasifica como "activo del Estado" y los fundadores asumen responsabilidades personales si la empresa fracasa. Eso empuja el capital hacia apuestas políticamente seguras, no necesariamente hacia las más innovadoras.

La pregunta. ¿Puede Occidente recuperar terreno en robótica? Sí, pero no como lo está intentando.

  • Atraer talento extranjero ayuda en el margen, pero no resuelve el problema de fondo.
  • La equiparación pasa por construir cadenas de suministro locales capaces de entregar una pieza de repuesto en dos días, no en dos semanas.
  • Y eso no es un problema de inmigración ni de I+D. Es un problema de base industrial, y resolverlo lleva muchos años de trabajo. Y del trabajo ingrato, del que quizás recojan los frutos los que lleguen después.

Hasta entonces vamos a ver muchos más vídeos virales de robots chinos haciendo piruetas con una naturalidad cada vez mayor. Y es porque han construido el mejor entorno del mundo para romper cosas y volver a intentarlo. En ingeniería, eso explica casi todo.

Imagen destacada | CCTV

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