jueves, 5 de marzo de 2026

Sam Altman dice que le aterroriza un mundo donde las empresas de IA se crean más poderosas que el gobierno. Es justo lo que está construyendo

Sam Altman dice que le aterroriza un mundo donde las empresas de IA se crean más poderosas que el gobierno. Es justo lo que está construyendo

Sam Altman se sentó el fin de semana ante su audiencia en X para responder preguntas sobre el acuerdo que OpenAI acaba de firmar con el Departamento de Guerra de Estados Unidos. Lo que salió de esa sesión fue una hermosa radiografía involuntaria de la contradicción más grande del sector en estos momentos.

Por qué es importante. El CEO de OpenAI dijo que le aterra "un mundo donde las empresas de IA actúen como si tuvieran más poder que el gobierno." La frase suena bien, es marketiniana y busca elevar la posición de OpenAI como un grupo poderoso pero muy responsable y honesto.

El problema es el contexto en que la pronuncia: horas antes de que OpenAI firmara ese acuerdo, el gobierno estadounidense etiquetó a Anthropic, su rival directo, como un "riesgo para la cadena de suministro" por negarse a firmar en esas mismas condiciones. Altman acudió a apagar el fuego justo cuando alguien le acusaba de haberlo prendido.

Entre líneas. El discurso de Altman descansa sobre una premisa que debe ser fiscalizada: que un gobierno democráticamente elegido siempre debe prevalecer sobre empresas privadas no electas. Es una posición filosóficamente razonable, pero él la aplica de forma selectiva.

Altman reconoció que el acuerdo "fue apresurado y la imagen no es buena", y que OpenAI se movió rápido para "desescalar" la tensión entre el Pentágono y la industria. Dicho de otro modo: su empresa tomó una decisión estratégica unilateral sobre cómo debería relacionarse toda la industria de la IA con el estamento militar. Eso no parece exactamente deferencia institucional.

El contraste. Anthropic optó por algo diferente: exigir garantías explícitas contra el uso de su IA para vigilancia masiva o armas autónomas. Pero el gobierno la penalizó. OpenAI aceptó una fórmula más ambigua ("para todos los usos legales") y obtuvo el contrato. Varios empleados de OpenAI firmaron una carta apoyando la postura de Anthropic.

Claude se convirtió ese fin de semana en la aplicación gratuita más descargada de la App Store de Apple, superando precisamente a ChatGPT. El mercado también tiene opiniones.

Sí, pero. Es justo admitir que la posición de Altman tiene cierta lógica interna:

  • Si la IA va a integrarse en sistemas militares de todos modos, puede ser preferible que lo haga bajo condiciones negociadas antes que bajo coerción.
  • Y tiene razón en una cosa: el etiquetado de Anthropic como riesgo para la cadena de suministro, una herramienta pensada para proveedores extranjeros hostiles, aplicada a una empresa americana de seguridad en IA es, en sus propias palabras, "un precedente extremadamente aterrador."

La gran pregunta. ¿Quién decide realmente cómo se usa la IA en contextos militares? ¿Las empresas que la construyen, los gobiernos que la contratan, o los ingenieros que la diseñan y que cada vez se organizan más para influir en esas decisiones?

Altman dice creer en el proceso democrático. Pero OpenAI negoció en privado, firmó en privado e hizo pública únicamente solo una fracción del contrato. La transparencia democrática empieza por ahí.

En Xataka | Anthropic se ha convertido en la Apple de nuestra era y OpenAI en nuestra Microsoft: una historia de amor y odio

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Nothing presenta sus nuevos Phone 4(a) con cámaras que alcanzan los 140 aumentos

El mercado de la telefonía móvil lleva años sumido en una peligrosa monotonía, un mar de rectángulos de cristal indistinguibles uno del otro y donde la innovación parece haber cedido su lugar a la simple iteración. Por suerte, algunas presentaciones de estos días en el Mobile World Congress de Barcelona parecen decididas a terminar con esa tendencia. Ahí está, por ejemplo el nuevo Robot Phone de Honor, con su extravagante brazo articulado. Pero, siendo sinceros, si hay una compañía que se ha propuesto desde su mismísimo nacimiento romper con la monotonía, esa es Nothing . Y hoy, la firma capitaneada por Carl Pei acaba de presentar en la capital británica su nueva serie de teléfonos inteligentes: el Phone (4a) y el Phone (4a) Pro, acompañados de unos auriculares de diadema, los Headphone (a). Una nueva generación con la que Nothing intenta refinar su diseño transparente e introduce características técnicas propias de la gama alta en un segmento inferior. El hermano mayor de esta nueva familia, el Phone (4a) Pro , quiere ser declaración de intenciones. Nothing ha dotado a este terminal de un chasis 'unibody' de metal fresado con precisión, logrando un grosor de apenas 7,95 milímetros. Es el teléfono más delgado que la compañía ha fabricado jamás. Promete una sensación táctil 'premium' complementada con una certificación IP65 que lo protege contra el polvo y los chorros de agua, soportando incluso inmersiones de 25 cm durante 20 minutos. Pero donde el diseño realmente brilla es en su trasera. La famosa interfaz Glyph evoluciona hacia una 'Glyph Matrix' compuesta por 137 mini-LEDs. Aunque son menos luces que en iteraciones pasadas, abarcan un 57% más de área y son un 100% más brillantes, alcanzando los 3.000 nits. Además, esta matriz no solo sirve para notificaciones o como luz de relleno, sino que integra funciones como temporizadores, nivel de batería y un reloj digital directamente en la carcasa, reduciendo la necesidad de mirar la pantalla principal. Si le damos la vuelta al terminal, nos encontramos ante una pantalla AMOLED de 6,83 pulgadas con resolución 1.5K. A esto se añade una tasa de refresco de 144 Hz ideal para los más jugones y un pico de brillo colosal de 5000 nits (HDR), protegido por el resistente cristal Corning Gorilla Glass 7i. En las entrañas del terminal late el Snapdragon 7 Gen 4, acompañado de memoria RAM LPDDR5X y almacenamiento UFS 3.1. Según la marca, este chip mejora los gráficos en un 30% y las capacidades de inteligencia artificial en un 65%. Todo ello alimentado por una generosa batería de 5.080 mAh con carga rápida de 50W, capaz de llegar al 60% en solo 30 minutos. Y llegamos a lo que en este 'smartphone' es, para Nothing, la joya de la corona: la fotografía. El Phone (4a) Pro, en efecto, incorpora un sensor principal Sony LYT700c con estabilización óptica (OIS), pero lo mejor, especialmente en este rango de precios es su teleobjetivo periscópico de 50 megapíxeles con zoom óptico 3.5x y OIS, capaz de alcanzar un brutal zoom digital de 140x. Es una capacidad inédita en la gama media, apoyada por el nuevo motor TrueLens Engine 4 y co-desarrollada con Google para soportar fotografías Ultra XDR. En cuanto a los precios, el modelo con 8 GB + 128 GB es de 479 euros, mientras que el de 12 GB + 256 GB se dispara hasta los 549 euros. El modelo Pro está desde hoy en preventa y llegará el próximo 13 de marzo. Para aquellos que buscan la esencia de Nothing, pero a un precio más contenido, el Phone (4a) se presenta como la opción más equilibrada. Mantiene la filosofía del diseño transparente y estrena una nueva 'Glyph Bar' con 63 mini-LEDs divididos en 7 zonas, logrando un brillo de 3500 nits (un 40% más brillante que el exitoso Phone 3a de la generación anterior). Su resistencia baja algo con respecto a la del modelo Pro, y se sitúa en IP64. La pantalla, ligeramente más compacta que la de su hermano mayor, es un panel AMOLED de 6,78 pulgadas, también con resolución 1.5K, pero con una tasa de refresco de 120 Hz y un pico de brillo máximo de 4500 nits. Bajo el capó, encontramos el solvente Snapdragon 7s Gen 4, que ofrece un 10% más de eficiencia energética que su predecesor, acompañado de memoria LPDDR4x. Destaca el hecho de que Nothing no ha escatimado en el apartado fotográfico de este modelo estándar. Al Phone (4a) monta un sensor principal de 50MP y hereda el mismo teleobjetivo periscópico de 50MP, aunque en este caso limitado por software a un zoom máximo de 70x. Ambos terminales llegan con Nothing OS 4.1, basado en Android 16. La capa de personalización sigue siendo una de las más limpias y fluidas del mercado, integrando ahora herramientas de IA como Essential Search (búsqueda inteligente en múltiples 'apps'), Essential Memory (personalización basada en la actividad del usuario) y Playground, que permite crear aplicaciones y widgets sin necesidad de saber programar. En un mercado donde las mayores batallas entre empresas se libran en el sector de la gama media, los nuevos terminales de Nothing muestran algunas ventajas, pero también algunas debilidades. Entre sus puntos fuertes se incluye una lente telefoto periscópica con zoom de 140x (en el Pro) y 70x (en el normal). Son características que no están presentes en el Google Pixel 8a/9a o la serie Samsung Galaxy A55/A56, que tradicionalmente reservan este tipo de lentes para sus buques insignia que superan los 1.000 euros. Además, la pantalla de 5.000 nits del modelo Pro mejora el brillo de casi cualquier otro teléfono de su segmento. Sin embargo, no todo es perfecto. Al llamarse 'Pro', por ejemplo, algunos usuarios más podrían echar en falta un procesador de la serie Snapdragon 8, en lugar de conformarse con la serie 7. Por otro lado, la política de actualizaciones se queda en 3 años de versiones de Android y 6 años de parches de seguridad. Una cifra respetable, desde luego, pero que palidece ante los 7 años de soporte total que ya ofrecen Samsung y Google en terminales de precio similar. Por último, su carga rápida de 50W, aunque eficiente, sigue estando bastante por detrás de los 120W o más que ofrecen competidores asiáticos como Xiaomi o Realme en el mismo rango de precio; y la memoria RAM del modelo estándar (LPDDR4x) se siente un tanto desfasada en pleno 2026. En cuanto a precios del modelo básico, parten de los 349 euros del modelo con 8 GB + 128 GB para pasar a los 389 euros si queremos 8 GB + 256 GB o a 429 euros si optamos por la versión más vitaminada, con 12 GB + 256 GB. Además de los teléfonos, Nothing presentó los Headphone (a) , unos auriculares de diadema (over-ear) que vienen a complementar su gama de audio con una propuesta diferente. Fieles a la filosofía de la marca, se ha apostado por un diseño atrevido y accesible, destacando las llamativas versiones en colores rosa y amarillo, además de los clásicos blanco y negro. Con un peso de 310 gramos y almohadillas de espuma viscoelástica transpirable, prometen comodidad para largas sesiones, y llegan respaldados por una certificación IP52 que los protege del sudor y la lluvia ligera. Pero si hay algo que destaca es su batería: hasta cinco días (135 horas) de reproducción continua con una sola carga (con la cancelación de ruido desactivada). Según la propia compañía, esto supone superar en un 50% al líder actual del mercado. Además, con solo cinco minutos enchufados a la corriente se consiguen cinco horas extra de música. En el apartado sonoro, los Headphone (a) tampoco se andan con rodeos. De hecho, incorporan drivers de 40 mm con recubrimiento de titanio y presumen de certificación Hi-Res Audio Wireless gracias al soporte del códec LDAC de alta fidelidad. La Cancelación Activa de Ruido (ANC) es adaptativa e híbrida. Utiliza inteligencia artificial y micrófonos 'feedforward' y 'feedback' para ajustar la reducción de sonido en tiempo real según el entorno, ofreciendo tres niveles de intensidad y un Modo Transparencia. Para las llamadas, un algoritmo entrenado con más de 28 millones de escenarios aísla la voz del viento y el bullicio de la calle. En cuanto al manejo, Nothing recupera los controles físicos táctiles de precisión vistos en modelos anteriores, eliminando la frustración que pueden llegar a causar los paneles táctiles capacitivos. La autonomía prometida es superior a la que ofrecen los AirPods Max de Apple o los WH-1000XM5 de Sony, que rondan las 20-30 horas. Sumado a la inclusión del códec LDAC para audio sin pérdida y sus controles físicos de ruleta (mucho más precisos que deslizar el dedo a ciegas), el paquete puede sonar muy atractivo. Sin embargo, sus 310 gramos de peso sitúan los auriculares en el lado más pesado del espectro (los de Sony pesan unos 250), lo que podría fatigar el cuello en usos muy prolongados. Además, la certificación IP52 es demasiado básica. Desde luego, no están pensados para aguantar un chaparrón intenso. Por último, en este rango de precio, es probable que la cancelación de ruido, aunque competente gracias a la IA, no alcance el silencio sepulcral que ofrecen las gamas premium de Apple, Sony, Bose o Sennheiser. La preventa empieza hoy mismo a un precio de 159 euros. Los colores negro, blanco y rosa llegarán a las tiendas el próximo 13 de marzo. Para los más atrevidos, la Edición Limitada en color amarillo se hará esperar hasta el 6 de abril.

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De las gafas de Batman al robot secretario: los 'gadgets' más curiosos del Mobile World Congress

Como es habitual desde hace unas cuantas ediciones, el Mobile World Congress de Barcelona ha sido especialmente un congreso de teleoperadoras. Pero eso no implica que aquel que pasea por los pabellones de la Fira no vaya a encontrarse dispositivos arriesgados que, en ocasiones, rozan lo increíble. Estos son algunos de los que más no han llamado la atención en ABC. ZTE ha elegido la mejor manera de llamar la atención con dos ediciones limitadas de sus gafas de realidad aumentada, las RayNeo Air 4 Pro de Batman y Joker, con viseras que te transforman en el Caballero Oscuro o en su archienemigo, según los gustos del consumidor. A pesar de que pueda parecer una broma, debajo del dispositivo hay una tecnología seria: son las primeras gafas AR de consumo con panel HDR10, convierten vídeo 2D en 3D en tiempo real y pesan solo 76 gramos. La pantalla virtual equivale a 201 pulgadas. El diseño es discutible, pero no podemos negar que son algo diferente. Honor ha presentado un concepto de ' smartphone ' cuya cámara va montada sobre un brazo robótico de tres ejes que se despliega desde la parte trasera. El módulo gira 90 y 180 grados y sigue al sujeto con inteligencia artificial gracias a un sensor de 200 megapíxeles con estabilización tipo 'gimbal'. Pero lo verdaderamente llamativo es que el teléfono reacciona a su entorno: interpreta sonido, movimiento y contexto para asentir, negar o incluso bailar, como si tuviera lenguaje corporal propio. Lo más sorprendente es que el móvil no se queda en un concepto y puede que veamos un modelo de producción en la primera mitad del año. La utilidad de un dispositivo así la podemos poner en duda, pero es algo diferente y un soplo de aire fresco en una industria en la que cada vez resulta más complicado innovar. Siguiendo con la tendencia robótica, Lenovo ha traído al MWC su AI Workmate Concept, un pequeño brazo articulado de sobremesa con una pantalla circular a modo de cara que muestra expresiones. No es un juguete, aunque lo parezca: lleva procesador Intel Core Ultra y 64 GB de RAM, y está pensado como un asistente de trabajo. Escucha, reconoce gestos, escanea documentos, los resume y los convierte en presentaciones que proyecta en la mesa o en la pared gracias a un proyector integrado de hasta 40 pulgadas. Es el tipo de producto que parece sacado de una película de ciencia ficción de los noventa. Motorola lleva meses explorando la idea de un asistente de IA personal como 'wearable', algo que también están haciendo otras marcas, como OpenAI. El resultado es un colgante con aspecto de perla tecnológica, sin botones ni pantalla, que se lleva al cuello y funciona como extensión del ecosistema Qira. El dispositivo escucha, ve y responde; puede transcribir y traducir conversaciones en tiempo real, resumir una charla de un congreso y hasta redactar un post en LinkedIn con lo que acaba de oír, todo sin que el usuario toque el teléfono. Presentado inicialmente en CES, el concepto ha seguido madurando y en Barcelona encaja como pieza clave de la estrategia de «IA ambiental» de Lenovo, donde la inteligencia artificial deja de ser una aplicación y se convierte en algo que simplemente está ahí, escuchando y actuando. De momento sigue siendo un prototipo sin fecha de lanzamiento. Tecno ha traído a Barcelona un prototipo que resucita una vieja idea con tecnología nueva: el smartphone modular. El teléfono, ultrafino, utiliza un sistema de interconexión magnética que permite acoplar módulos como batería extra, teleobjetivo, cámara de acción o mando 'gaming'. El chasis se divide en hasta ocho zonas de anclaje compatibles con diez módulos distintos. La propuesta es que el diseño del móvil no lo decida el fabricante, sino lo que el usuario necesite en cada momento. Suena a aquello que Google intentó con Project Ara hace una década y LG con su G5 SE Titan, pero con un enfoque más pragmático: los módulos no sustituyen componentes internos, sino que amplían las capacidades del teléfono como si fueran accesorios conectados. El Legion Go Fold es un concepto de consola portátil. Se trata de un dispositivo Windows con pantalla OLED plegable que pasa de 7,7 pulgadas en modo compacto a 11,6 pulgadas desplegada. Los controles son modulares y desmontables, y el dispositivo se puede usar como consola tradicional, como tableta multimedia o como mini portátil con la pantalla doblada en ángulo. Todo el mundo sueña con jugar en pantallas gigantes en cualquier lado. Es un buen concepto, pero en realidad no es muy práctico jugar en una pantalla de casi 12 pulgadas con mandos a los lados. Es un buen y llamativo intento, pero unas gafas conectadas son una solución más práctica para conseguir una gran pantalla ocupando poco espacio. Huawei insiste en el formato de portátil que se dobla como un libro. Su nuevo concepto MateBook Fold mantiene la línea de pantalla grande plegable con bisagra tipo gota de agua mejorada para minimizar la arruga central y un perfil ultrafino gracias a una placa base reducida. La propuesta encaja con una tendencia clara: evitar tener que llevar dos pantallas. La solución de Huawei es elegante y ligera, y el teclado portátil se pega magnéticamente por fuera al conjunto, por lo que no llevas nada más «suelto» en la mochila. Sus puntos negativos: solo está disponible con HarmonyOS y el precio estaría alrededor de los 3.000 €, por lo que es difícil que llegue a España. Vivo nos vende el X300 Ultra, el primero de su clase que llegará a España, como una cámara profesional que hace llamadas. Graba en 4K a 120 fps en 10 bits Log y Dolby Vision con todas las lentes, con estabilización de tres grados y herramientas de color avanzadas. Pero lo realmente espectacular es cómo lo han presentado en su estand: montado dentro de una jaula con empuñaduras, zapata para micrófono, ventilador de refrigeración y un teleconvertidor Zeiss de 400 mm que ofrece hasta 17 aumentos ópticos. Como si fuera una cámara lista para usar en cualquier película de Hollywood. Motorola llevaba años dominando el formato 'flip' con el Razr, pero le faltaba un plegable tipo libro. El Razr Fold llega con pantalla interior grande, soporte para el lápiz Moto Pen Ultra y una batería de 6.000 mAh que la marca asegura es la mayor en un plegable de este tipo. El detalle más ingenioso es el modo trípode: el teléfono se sostiene solo a medio plegar, lo que permite grabar vídeo sin accesorios adicionales. Es un movimiento lógico para competir directamente con Samsung y, ahora, con Honor y Xiaomi. Lo hemos tenido en la mano y no tiene nada que envidiar a los «veteranos» del segmento. Lo tuvimos solo unos momentos, pero da la sensación de ser un teléfono robusto y el pliegue central es prácticamente imperceptible. Xiaomi siempre busca el efecto 'wow' en el MWC y lleva años usando sus coches como reclamo en su estand, pero este año se ha superado. El Vision Gran Turismo es un concepto de hypercar diseñado para el videojuego 'Gran Turismo 7', y la marca china se convierte en la primera tecnológica invitada al programa Vision GT en sus 28 años de historia, un club en el que hasta ahora solo estaban Ferrari, Porsche o Mercedes-Benz. El coche no es solo un ejercicio de marketing: monta una plataforma de 900 voltios de silicio de Xiaomi que promete 1.900 CV, un coeficiente aerodinámico de 0,29 y un sistema de control activo de estela que gestiona el flujo de aire mediante microperforaciones en lugar de alerones convencionales. Las llantas llevan tapacubos magnéticos estacionarios que no giran con la rueda para reducir turbulencias. Es un coche de competición que no va a entrar en producción, pero un gran ejercicio de lo que Xiaomi es capaz de construir. Samsung ha aprovechado el MWC para mostrar el Galaxy XR, un visor de realidad mixta de 1.799 dólares que lleva en el mercado en Estados Unidos y Corea del Sur desde octubre. Pesa solo 545 gramos, bastante menos que el Vision Pro de Apple. Monta pantallas micro-OLED de 3.552 x 3.840 píxeles por ojo, chip Snapdragon XR2+ Gen 2 y una integración profunda con Gemini que le permite entender lo que estás viendo y responder en contexto. Las hemos podido probar durante unos minutos y son muy cómodas, como para llevar varias horas puestas. Las demos eran muy dirigidas, como usar gestos para mover un mapa o pedir vídeos de YouTube usando Gemini, pero hemos podido apreciar la calidad de las pantallas y la agilidad con la que responde Galaxy XR. Google y Samsung han lanzado estas gafas cuando el mercado de la realidad extendida está de capa caída, eclipsado por la IA y el fracaso de las Vision Pro. Si las gafas inteligentes son la apuesta mayoritaria de la industria para llevar IA a la cara, Razer ha decidido ir por otro lado usando auriculares con su mítico diseño 'gamer'. El Project Motoko es un concepto de cascos inalámbricos con dos cámaras de 12 megapíxeles integradas, alineadas a la altura de los ojos, capaces de grabar vídeo espacial en 3K a 60 fps. La idea es que el auricular ve lo que tú ves y responde con audio: traduce carteles, cuenta repeticiones en el gimnasio, resume documentos o da instrucciones de cocina paso a paso. Funciona con un chip Snapdragon y es compatible con ChatGPT, Gemini y Grok, así que el usuario elige qué modelo de IA le asiste. Su público gamer estará encantado: puede ver tu pantalla y ayudarte con los juegos. De momento, en el prototipo solo toma fotos y te dice qué puedes hacer, pero no descartan que sea una transmisión en vivo y que la IA te pueda ir aconsejando mientras juegas. En realidad sería prácticamente lo mismo que compartir la pantalla del ordenador con nuestra IA favorita, aunque el sistema de Razer logra que lo puedas usar independientemente de la plataforma de juego que estés disfrutando. ZTE ha montado en su estand un área de peluches con ojos enormes llamados iMoochi, una especie de mascota física con IA que se comporta como un animal de compañía. No hablan: se comunican con sonidos, movimientos de cabeza y cola, miradas y vibraciones, intentando generar vínculo emocional como si fueran un cachorro electrónico. Puede que resultasen un poco perturbadores, pero el estand siempre estaba a rebosar de gente haciéndose selfies con ellos.

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Anthropic se ha convertido en la Apple de nuestra era y OpenAI en nuestra Microsoft: una historia de amor y odio

Anthropic se ha convertido en la Apple de nuestra era y OpenAI en nuestra Microsoft: una historia de amor y odio

A los seres humanos nos encanta tomar partido y defenderlo. Amamos y odiamos equipos de fútbol, comidas, coches y ropa, pero también amamos y odiamos a empresas de tecnología. Si hay dos empresas que representen esa historia esas son Apple, tradicionalmente amada por sus usuarios y con muy buena imagen, y Microsoft, que a pesar de sus esfuerzos ha sido masivamente odiada. 

No entramos aquí en juicios de valor sobre si una u otra merecían ese amor o ese odio, sino simplemente exponemos que ese sentimiento está claramente extendido. Esa historia de amor y odio nos ha acompañado durante los últimos cuarenta años, pero ahora comienza a perfilarse otra historia similar. Aún incipiente, pero llamativa.

Se trata, cómo no, de cómo la gente está empezando a odiar a OpenAI y a amar a Anthropic. Las similitudes con Microsoft y Apple son llamativas, sobre todo tras los acontecimientos de los últimos días y ese triángulo de amores y desamores que han formado el Pentágono, Anthropic y OpenAI. 

De todo ese escándalo han acabado apareciendo dos percepciones muy claras. Por un lado, Anthropic se ha posicionado como la empresa defensora de la ética y la moralidad. No han cedido a las exigencias del Pentágono y se han mantenido en sus trece, lo que reputacionalmente ha sido muy positivo para ella. 

Por el otro, OpenAI ha aprovechado el momento para robarle el contrato gubernamental a su rival. La percepción aquí es distinta, y OpenAI ha quedado como una empresa oportunista y sin escrúpulos. Tanto es así que el impacto en popularidad ha sido notable: el sábado pasado las descargas de ChatGPT se desplomaron mientras que las de Claude lograban situarla por encima de su rival, que siempre había dominado ese ránking.

El efecto ha sido claro: Anthropic ha quedado como la buena, la empresa a la que amar. OpenAI, por el contrario, se ha convertido en foco de las críticas. De hecho se ha creado un movimiento 'Cancel ChatGPT' que anima a los usuarios a dejar de usar los modelos de IA de OpenAI. La traición, parecen decir esos usuarios, se paga.

La batalla narrativa de los buenos y los malos

Aquí estamos asistiendo a un singular fenómeno de la evolución de la identidad corporativa de estas empresas. Mientras que Altman parece haber adoptado el manual de estilo de Bill Gates de los 90 —priorizar el crecimiento agresivo, las alianzas gubernamentales y la dominación del mercado—, Dario Amodei se sitúa como el "heredero espiritual" de esa Apple que presumía de "pensar diferente". Esa negativa de Anthropic a cruzar ciertas íneas rojas ha servido para que el usuario medio sienta que al usar Claude apoya una tecnología "con conciencia", por decirlo de algún modo. 

Lo curioso en esta historia y esta rivalidad es que Anthropic precisamente nació de una escisión de OpenAI por diferencias éticas. Hay aquí cierta narrativa de pureza versus pragmatismo empresarial que de nuevo nos recuerda al enfrentamiento entre Apple y Microsoft desde los 80. OpenAI parece ser el Windows de la IA. Mientras, Anthropic parece ser el MacBook.

Estas rabietas de los usuarios suelen tener fecha de caducidad porque los seres humanos tenemos muy mala memoria, pero aun así OpenAI afronta riesgos claros. Por ejemplo, que esa percepción de la compañía complique la retención de talento o que efectivamente Anthropic acabe asumiendo el papel de "empresa que desarrolla una IA ética". 

Para esta última eso también es un riesgo, porque cualquier desliz en esa filosofía inmaculada le puede salir muy caro. De hecho, se habla ya en redes de cómo en realidad Amodei no es ningún santo y su empresa se presentó en enero a un concurso para un proyecto de enjambres de drones autónomos controlados por voz e IA.

Así pues, estamos reviviendo la asignación de valores ideológicos a la tecnología. Cada empresa quiere posicionarse de forma distinta, pero para los usuarios todo vuelve a ser cuestión de buenos y malos. Los usuarios amaban los ordenadores de Apple y odiaban (o soportaban) el de Microsoft. Ahora ese debate parece haberse trasladado a la IA: amamos la de Anthropic porque parece ser ética, y odiamos (o soportamos) la de OpenAI porque es oportunista

Pero cuidado: esto solo acaba de empezar.

En Xataka | Microsoft tenía un canal de Discord dedicado a la IA. Lo ha cerrado porque todo el mundo les llama ahora "Microslop"

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miércoles, 4 de marzo de 2026

OpenAI ha colado su IA en el Pentágono. Ahora apunta a un objetivo mayor: las redes clasificadas de la OTAN

OpenAI ha colado su IA en el Pentágono. Ahora apunta a un objetivo mayor: las redes clasificadas de la OTAN

La que hay liada en Estados Unidos con la IA y el Gobierno es una de padre y muy señor mío. En muy pocos días, la IA de Anthropic ha dejado de ser la mejor amiga del Pentágono, una integrada en sus sistemas, para convertirse en una “IA Woke”. El Gobierno de Trump está pensando meterla en una lista negra, pero otra empresa ha ocupado su lugar: OpenAI. Y a OpenAI no le basta con tener ChatGPT dentro de los sistemas del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Ahora quiere estar en las redes clasificadas de la OTAN.

Acción. La historia ya la hemos contado. Cuando el Departamento de Defensa estaba buscando una IA para que trabajara codo con codo con los sistemas de Palantir, Anthropic ofreció su Claude por el precio simbólico de un dólar. Eso llevó a acuerdos millonarios, pero a algo más importante: se estaban convirtiendo en una empresa vital para la seguridad de Estados Unidos. Sin embargo, Claude ha sido programado con unas líneas rojas que Estados Unidos quería saltarse. Trump dio un ultimatum a Anthropic: o les daban una IA sin restricciones… o más les valía prepararse para las consecuencias.

La empresa no dio su brazo a torder y pasó lo que tenía que pasar. El Gobierno está trabajando para eliminar todo rastro de Claude de sus sistemas. ¿Y quién estaba ahí el primero para recoger el testigo? Sam Altman. Con unas restricciones similares a las de Claude, pero sin haber mantenido un pulso con Trump, OpenAI se ha hecho con el nuevo contrato con el Departamento de Defensa.

Reacción. Es curioso porque horas antes mostraba su apoyo a Anthropic, pero los negocios son los negocios y, como dice mi compañero Javier Pastor, Altman lleva años diciendo una cosa y haciendo otra. Los usuarios han respondido con decenas de mensajes en Reddit y otras redes sociales llamando al boicot, lo que se tradujo el sábado en un 295% más de desinstalaciones de la app de ChatGPT en Estados Unidos… y un aluvión de usuarios en Claude.

Siempre es curioso ver cómo reaccionamos los humanos y cómo el Pentágono, que ha intentado convertir a Anthropic en la mala de la película, ha conseguido que ahora sea vista como la defensora de la ética.

A por la OTAN. Ya hay reportes de que en los sistemas del Pentágono están empezando a implementar las soluciones de OpenAI. Tiene sentido si tenemos en cuenta la importancia que la IA está teniendo en operaciones modernas, como la captura de Nicolás Maduro o el bombardeo de Irán el pasado sábado. Pero Altman tiene otras ambiciones.

Como cuentan en The Information, el CEO de la empresa de IA ha comentado en una reunión de empleados en la que ha tenido que defender la postura de ligarse tanto al Gobierno que está considerando un contrato para que OpenAI también se integre en las redes clasificadas de la OTAN. Acto seguido, un portavoz de OpenAI aclaró que Altman se equivocó y que no quería decir "redes clasificadas", sino "redes no clasificadas".

No ha dado más detalles, pero este jueves dará una conferencia y seguramente será uno de los puntos del día. Al menos, una de las preguntas que harán los asistentes.


Peligro. En Xataka no solemos cubrir de rumores y filtraciones de este estilo, por muy buenas bases que tengan medios como los que han soltado la liebre -The Information y Wall Street Jorunal-, pero en este caso estamos hablando de algo tremendamente importante. Se trata de cómo empresas privadas están creando herramientas que vemos que ya se están usando para el espionaje masivo y pueden comunicarse con otro software para acciones militares.

No es ciencia ficción. De hecho, uno de los encontronazos entre Trump, el Secretario de Defensa y Dario Amodei -CEO de Anthropic- tiene que ver con el deseo de los primeros de usar la IA para dar rienda suelta a sistemas de armamento autónomo. 

Y más peligroso aún que un mundo en el que empresarios tienen las riendas de algo tan poderoso: Estados Unidos está demostrando no ser un aliado fiable, y que una empresa estadounidense con lazos profundos con el gobierno de ese país se integre en la OTAN es dar demasiado poder.

En Xataka | El canciller de Alemania no salió a defender a España en la Casa Blanca por un motivo: 127.000 millones de dólares en armas



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Las gafas de Meta graban todo lo que vemos. Unos señores en Kenia lo están viendo también para entrenar a la IA

Las gafas de Meta graban todo lo que vemos. Unos señores en Kenia lo están viendo también para entrenar a la IA

Meta está compitiendo en dos carreras. Por un lado, la de la inteligencia artificial. Por otro, la de encontrar el "nuevo smartphone". En este sentido, su apuesta total está en las gafas con IA. Dispositivos como las Ray-Ban Meta 2 tienen el potencial para grabar todo lo que veamos. Y dentro de ese “todo” está el desnudarnos en un probador, mantener relaciones sexuales o meter la contraseña del banco en el móvil.

Y alguien en Kenia está viendo todo eso con un solo objetivo: entrenar a la inteligencia artificial.

En corto. Antes de profundizar, vamos con el contexto. El medio sueco Svenska Dagbladet ha publicado un reportaje en el que exponen cómo se está entrenando la inteligencia artificial de Meta. Al menos, a la IA que da vida a sus gafas inteligentes. Para ese entrenamiento, Meta recoge nuestros datos como conversaciones, fotos y vídeos, que se envían en paquetes masivos a empresas que los desglosan para luego 'chutar' la información al software de entrenamiento.

Una de esas empresas es Sama. Está ubicada en Kenia y algunos de sus empleados han revelado a los periodistas suecos qué tipo de información ven a diario, relatando algunos casos que no dejan de ser acciones cotidianas que todos hacemos. El problema es que son esas cosas que todos hacemos en la intimidad. Dicho esto, vamos poco a poco porque hay mucho.

Ray-Ban Meta. Las gafas no necesitan presentación y, de hecho, probamos la segunda generación hace unas semanas. En nuestro análisis de las Ray-Ban Meta 2 ya contamos que eran parte de esa visión postsmartphone gracias a una cámara y sonido muy decente, pero con una IA decepcionante. Precisamente ese es el punto en el que Meta debía trabajar más y lo hace gracias a las imágenes que recoge de cada usuario.

Lo que cedemos. En la investigación del medio sueco, y es algo que podemos ver en los términos de uso de servicios de Meta AI, se detalla una situación en la que parece que tenemos un control significativo sobre los datos como las imágenes o las grabaciones de voz. En el documento se apunta que ciertos datos se pueden guardar y usar para mejorar los productos de Meta si el usuario da su consentimiento, pero hay una cara B: para que el asistente de IA funcione, hay que ceder la voz, el texto, la imagen y el vídeo.

Según estas condiciones, “en algunos casos, Meta revisará las interacciones con la IA, incluido el contenido de las conversaciones o los mensajes a la IA. Esta revisión puede ser automatizada o manual”. Además, también se establece que el usuario no debe compartir información que no desee que la IA utilice o retenga, como por ejemplo “información sobre temas delicados”. El problema es que, si no aceptas, no puedes utilizar Meta AI.

Entrenando la IA manualmente. Cuando la revisión de los datos es manual, es cuando comienza el problema. En el artículo se expone que uno de los centros de análisis está ubicado en Kenia. Se llama Sama y es una empresa contratada por Meta para realizar una labor conocida como “etiquetado”. Los datos que salen del dispositivo pasan por un proceso de limpieza que difumina caras y datos privados, pero luego los trabajadores realizan algunas acciones manuales en las imágenes.

Captura De Pantalla 2026 03 04 A Las 15 01 29 Captura De Pantalla 2026 03 04 A Las 15 01 29 Un ejemplo del etiquetado

Por ejemplo, seleccionar contornos de personas, nombrar objetos como “lámpara”, “coche”, “libro”, “ordenador”, registrar señales de tráfico y, en definitiva, todo lo que vemos. Luego todo eso correctamente etiquetado se organiza en paquetes de datos que se ‘lanzan’ a los sistemas de entrenamiento de la inteligencia artificial. Porque si una IA “sabe” que una señal de ‘STOP’ es una señal de ‘STOP’ es porque se le ha enseñado antes con imágenes reales. El fin es mejorar, precisamente, lo que criticamos en nuestro análisis: la inteligencia artificial y su conexión con el mundo.

Cuando el sistema falla. Para el análisis, han contactado con antiguos empleados de Meta en centros de etiquetado de Estados Unidos. Aseguran que el sistema anonimiza automáticamente las caras y datos sensibles, pero “los algoritmos, a veces, se pierden. Sobre todo en condiciones de iluminación difíciles, ciertas caras y cuerpos son perfectamente visibles”.

Y ahí empieza el problema. Los trabajadores en el centro de etiquetado que se ha puesto bajo la lupa no están ahí viendo lo que detallaré a continuación por gusto o voyerismo, sino porque están etiquetando para entrenar a la IA. El problema es… lo que supuestamente se ve en las imágenes.

Nada es privado. Un empleado del centro de datos de Kenia expone que “en algunos vídeos se puede ver a alguien yendo al baño o quitándose la ropa. No creo que lo sepan, porque si no, no grabarían”. Pero ir al baño no es lo único que han visto en ese centro de etiquetado. Escenas cotidianas de un salón occidental seguidas de otras en las que se mantienen relaciones sexuales. Grabar a otra persona desnuda por error (cuando tu pareja sale de la ducha, por ejemplo), o dejar las gafas encima de una superficie en la habitación para grabar cómo se cambia tu mujer sin que ella lo sepa.

También se analizan transcripciones sobre protestas, crímenes “cosas muy oscuras” o temas como la descripción de una mujer por parte de un hombre que argumenta que le gustaría tener relaciones con ella. “Vemos de todo y Meta tiene ese tipo de contenido en su base de datos. La gente puede grabarse a sí misma de la manera equivocada y no saber que lo está haciendo”, apunta uno de los trabajadores que asegura que, si se filtran los clips, sería un “escándalo enorme”.

“Creo que, si supieran el alcance de la recopilación de datos, nadie se atrevería a usar las gafas”

¿Y si no grabo? Svenska Dagbladet no ha realizado este reportaje en dos días. Apuntan que llevan meses trabajando la información, reuniéndose con las partes y preguntando tanto en ópticas donde se pueden comprar las gafas como a la propia Meta. Sobre los minoristas, afirman que no tienen ni idea de dónde van los datos. Otros apuntan que “todo se mantiene de forma local en la aplicación”, lo cual no es cierto porque la IA de Meta no trabaja en el dispositivo: necesita conexión a Internet.

Aquí entra en juego otra cuestión, que es el tipo de formación que reciben los minoristas que venden los dispositivos, pero hay algo de fondo que puedes estar pensando. Vale, los datos se filtran, pero… ¿y si sólo grabo de forma consciente cuando yo quiera? Aquí es la propia Meta la que detalla cómo funciona esta grabación de vídeo y sonido:

  • Al presionar un botón físico en las gafas.
  • Cuando se utiliza el comando ‘Ey Meta’ y se hace una pregunta.

Que dice Meta. “Cuando se está utilizando Meta AI, procesados esos datos de acuerdo con los Términos de Servicio y la Política de Privacidad de Meta AI”, apunta Joyce Omope, portavoz de Meta. No es muy revelador, pero un ejecutivo de Meta entrevistado por el medio y que ha preferido no ser identificado afirma que no importa dónde se encuentre el servidor en el que se almacenen los datos siempre y cuando el país cumpla con los requisitos de la Unión Europea”.

El problema es que están hablando de la política de privacidad, no de lo que se hace con los datos para el entrenamiento de Meta AI. Desde Xataka, nos hemos puesto en contacto con Meta para conocer su visión sobre el asunto.

Suma y sigue. Llegados a este punto, puede que pienses “espera, esta historia me suena”. Y lo cierto es que no es la primera vez que sale a la luz una polémica relacionada con la revisión manual de información privada en aplicaciones de la compañía. Hace unos años, y al margen de Cambridge Analytica, la por aquel entonces conocida como Facebook ya se enfrentó a otra polémica al afirmar que escaneaba todos los mensajes, enlaces e imágenes que se mandaban por Messenger e Instagram para asegurarse de que “no se incumplen las reglas de contenido”.

También de las condiciones de los moderadores de Facebook, expuestos a contenido de todo tipo para decidir si algo se puede, o no, ver en la plataforma. Hablamos de sexo, pero también de vídeos de muertes violentas o abuso infantil. Esto es algo que se ha ido destapando a fuego lento y que ha salpicado, incluso, a trabajadores en España. En el centro de moderación de Barcelona, concretamente, donde empleados reclaman indemnizaciones millonarias tras años siendo testigos de la violencia más explícita.

Estos empleados experimentan estrés postraumático, ataques de pánico, fobias y hasta ideas suicidas debido al tipo de contenidos que deben visualizar. Ya no es que vieran gente desnuda porque tienen que etiquetarlo todo para alimentar a la insaciable IA: hablamos de decapitaciones, violaciones, suicidios en directo y pornografía infantil. Hasta 800 vídeos al día.

AI = ‘Another Indian’. Y sumado a todas las polémicas, tenemos algo más de fondo. Este etiquetado de datos tan esencial para que los modelos de aprendizaje puedan… aprender, está basado en gran parte en trabajos precarios por parte de personas que están en países en desarrollo. Kenia es un país en el que hay varios “centros de datos humanos” como el que trabaja para Meta etiquetando lo que ven las Ray-Ban Meta. De hecho, hace unos meses se publicó un reportaje en Coda en el que se contaba cómo Kenia, y Sama concretamente, estaba haciendo el "trabajo sucio digital" en la era de la IA. OpenAI estaba involucrada.

También se concentran en instalaciones en India, de ahí el malísimo chiste de ‘Another Indian’ y recientemente se conoció el “truco” sobre los taxis remotos de Waymo: personas en Filipinas “conduciendo” los coches a distancia. Al menos, ayudando.

Como decimos, hemos contactado con Meta y actualizaremos el artículo en cuanto tengamos una respuesta.

Imágenes | Xataka (Crossover), We-Vibe Toys, Unplash, BaristaVision+

En Xataka | Hay 60 países que han firmado un acuerdo por una IA "abierta", "inclusiva" y "segura". Y dos que no: EEUU y Reino Unido



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El sueño de los centros de datos espaciales acaba de chocar con un problema: cómo disipar calor en el vacío

El sueño de los centros de datos espaciales acaba de chocar con un problema: cómo disipar calor en el vacío

La llamamos nube, pero en realidad vive en suelo firme, más concretamente en edificios mastodónticos de pasillos interminables, o así ha sido hasta ahora. La idea de llevar los centros de datos al espacio suena cada vez con más fuerza y se presenta como la solución al insaciable apetito energético de la inteligencia artificial. En medio de esta creciente obsesión, el jugador que tiene la llave de todo el hardware actual acaba de dar un baño de realidad.

NVIDIA echa el freno. Google, Elon Musk, Jeff Bezos... todos han hablado acerca de llevar los centros de datos al espacio. Incluso la propia NVIDIA ha participado en proyectos de este tipo, pero parece que ha cambiado de opinión. Tal y como publican en Bezinga, durante la última llamada de resultados de la compañía, Jensen Huang ha aprovechado para rebajar las expectativas a corto plazo sobre los centros de datos orbitales.

Disipar el calor. La idea de llevar centros de datos al espacio nace de la necesidad energética. En el espacio, la energía es prácticamente ilimitada porque los paneles solares pueden estar todo el tiempo recibiendo luz. El problema, según Huang, es disipar el calor. En la Tierra, los centros de datos usan aire o agua para enfriarse, pero en el vacío del espacio no hay aire. La única forma de disipar el calor en el espacio es mediante conducción hacia radiadores que, en palabras del CEO, deben ser "bastante grandes".  NVIDIA lo sabe bien porque ya tiene un satélite con GPUs H100 en el espacio

Por qué es importante. La intervención de Huang es relevante porque NVIDIA es el proveedor principal de la infraestructura que xAI, Amazon, Google y otras tecnológicas necesitan para sus planes espaciales. Si el mayor beneficiado de vender chips para estos proyectos advierte sobre su viabilidad, el mercado escucha. Aun así, sus palabras no han sido una negativa total, sino más bien un "todavía no".

Los analistas coinciden. En un informe de Gartner al que ha tenido acceso The Register, aseguran que las empresas están malgastando dinero en perseguir el sueño de los centros de datos espaciales. Su argumento es que las instalaciones orbitales no son rentables, pero además aseguran que no podrían satisfacer la demanda de computación necesaria. Además, también destaca el reto técnico que supondría refrigerar estas estructuras en el vacío del espacio y otro problema: las oscilaciones extremas de temperatura que pueden ir "de 100 grados kelvin a 400 grados kelvin" (entre 126ºC y -173ºC). Esto obligaría a usar materiales y componentes especiales, muchísimo más caros que sus equivalentes terrestres.

Musk vs Altman. Hay poco en lo que los CEOs de xAI y OpenAI estén de acuerdo y los centros de datos en el espacio no iban a ser menos. Elon Musk anunció un megaproyecto con SpaceX y xAI para lanzar una constelación de un millón de satélites. En un evento de hace unos días, Altman calificó la idea de ridícula, aunque también admitió que "tendrá sentido algún día (...) aún no estamos ahí". 

En Xataka | Aragón se está convirtiendo en todo un gigante español de los centros de datos gracias a Amazon. Sigue habiendo una gran incógnita

Imagen | İsmail Enes Ayhan y NASA




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