lunes, 9 de marzo de 2026

Acciones concretas para reducir tu huella digital en minutos

Acciones concretas para reducir tu huella digital en minutos

La mayoría de las personas se preocupa por reciclar, consumir menos plástico o ahorrar energía en casa, pero apenas reparamos en el rastro digital que dejamos cada vez que encendemos el móvil o el ordenador. Cada búsqueda, cada like y cada vídeo que reproducimos genera datos que hablan de nosotros… y también consumen recursos energéticos en servidores repartidos por todo el planeta.

Esa combinación de privacidad en juego y consumo energético es lo que hoy se llama huella digital. Reducirla es clave tanto para proteger tus datos frente a ciberataques como para recortar el impacto ambiental de tu vida conectada. La buena noticia es que no hace falta ser un experto en informática: con unas cuantas acciones concretas que puedes aplicar en cuestión de minutos, tu rastro en la red será mucho más pequeño y controlado.

Qué es la huella digital y por qué deberías tomártela en serio

Cuando hablamos de huella digital nos referimos a todo el conjunto de datos que vas dejando atrás cada vez que utilizas Internet. No son huellas físicas, sino un reguero de ceros y unos que viaja por servidores que nunca ves, pero que permiten trazar un retrato bastante preciso de quién eres, qué haces, dónde te mueves y qué te interesa.

En la práctica, tu huella digital incluye desde tus perfiles en redes sociales y los formularios que rellenas hasta tu historial de búsqueda, tus compras online y la actividad de tus dispositivos conectados. Cada una de estas piezas por separado puede parecer inocente, pero juntas permiten reconstruir tu historia casi como en un “CSI tecnológico”.

El gran problema es que casi nunca sabes en qué manos acaban esos datos. Empresas, plataformas, agencias de publicidad, brokers de datos y, por supuesto, ciberdelincuentes compiten por capturar, cruzar y monetizar esa información. El resultado puede ir desde publicidad hiperpersonalizada hasta fraudes, suplantación de identidad o ataques de phishing diseñados a tu medida.

Además de la vertiente de privacidad, tu vida digital tiene una cara ambiental que solemos pasar por alto. Centros de datos, redes de telecomunicaciones y dispositivos necesitan una enorme cantidad de energía para funcionar. Se estima que cada usuario puede generar entre dos y tres gigabytes de datos por hora con su smartphone, dispositivos IoT y servicios en la nube, con la consiguiente huella de carbono si esa energía procede de fuentes no renovables.

Huella digital activa

La huella digital activa es aquella que generas de forma consciente. Incluye todas las acciones en las que tú decides voluntariamente compartir información: abrirte una cuenta en una red social, subir fotos, comentar una publicación, enviar un correo, participar en un foro o rellenar un formulario de registro en una tienda online.

En estos casos eres bastante consciente de que estás dejando rastro, aunque a menudo no dimensionas la cantidad de datos que hay detrás de algo tan simple como un selfie o un comentario. Una foto puede revelar tu ubicación, tus horarios, con quién estás e incluso que tu casa está vacía; un mensaje aparentemente banal puede contener pistas sobre tu trabajo, tu familia o tus hábitos de consumo.

Huella digital pasiva

La huella digital pasiva, por su parte, es la que dejas sin darte cuenta. Son los datos que se recopilan de forma automática cuando navegas, usas apps o conectas dispositivos inteligentes. Aquí entran en juego las cookies de seguimiento, la telemetría de tu móvil, la geolocalización, las estadísticas de visualización de tu televisor o los registros de tu coche conectado.

Sin tocar un solo botón extra, tu smartphone puede estar enviando información sobre tu ubicación, qué apps utilizas, cuánto tiempo pasas en cada una y cómo interactúas con ellas. Muchos navegadores permiten por defecto el seguimiento entre sitios, lo que facilita que las redes de anuncios construyan perfiles muy detallados sobre ti sin que tengas una imagen clara de ello.

En resumen, tanto la parte activa como la pasiva hacen que, hoy en día, sea prácticamente imposible no dejar huella digital alguna. La cuestión no es aspirar a la invisibilidad absoluta, algo reservado a quien vive casi desconectado, sino tomar conciencia y reducir todo lo posible la cantidad y calidad de la información que regalamos.

Acciones rápidas para reducir tu huella digital en minutos

Si sientes que tu vida online está un poco descontrolada, no eres la única persona. Lo importante es empezar por medidas sencillas que puedas aplicar ya mismo, sin complicaciones técnicas. Con los siguientes ajustes ganarás privacidad, reforzarás tu seguridad y, de paso, estarás aportando tu granito de arena al planeta.

Un buen punto de partida es revisar qué se sabe de ti en Internet. Búscate en Google y en otros buscadores para ver qué aparece asociado a tu nombre, apodos, correos antiguos o números de teléfono. Si localizas información que no quieres que esté disponible, anótala para intentar eliminarla más adelante o ejercer tu derecho de supresión cuando sea posible.

Después, pasa a limpiar tus correos, redes sociales y dispositivos. Dispositivos inteligentes olvidados y perfiles inactivos son fuentes continuas de datos que puedes eliminar con unos pocos toques. Cada mensaje almacenado, cada foto subida y cada app olvidada son pequeños ladrillos que forman tu identidad digital. Reducirlos no solo aligera tu rastro, también mejora el rendimiento de tus equipos y baja, aunque sea un poco, el consumo energético asociado a tu actividad online.

Revisa la privacidad en redes sociales y limpia tu contenido

Las redes sociales son, probablemente, el escaparate más visible de tu vida online. Antes de seguir publicando a toda velocidad, conviene parar un segundo y revisar quién puede ver realmente lo que compartes. En la mayoría de plataformas puedes limitar la visibilidad de tus publicaciones a amigos o listas concretas y evitar así que cualquiera cotillee tu día a día.

Más allá de ajustar la privacidad, es recomendable que hagas una limpieza de publicaciones antiguas, fotos, vídeos, grupos y conversaciones que ya no tienen sentido. Todo ese contenido ocupa espacio en servidores y contribuye a engordar tu huella digital, además de exponer información sobre etapas de tu vida que quizá preferirías mantener en segundo plano; por ejemplo, aprende a ocultar un chat de WhatsApp para preservar parte de esa conversación privada.

Piénsatelo dos veces antes de subir tu próxima foto o story. Pregúntate si aporta algo o si simplemente suma más datos a un perfil que ya es bastante completo. Recuerda que lo que se publica es casi imposible de borrar por completo: siempre puede haber capturas, copias y réplicas fuera de tu control.

Un truco extra: limita también el tiempo que pasas en redes sociales. Cada vídeo, GIF, selfie o “me gusta” supone peticiones a servidores y transferencia de datos, que a gran escala se traducen en emisiones de CO2. Bloquear la reproducción automática de vídeos en plataformas como TikTok o YouTube te ahorra consumo de datos, ruido mental y huella ambiental.

Correos electrónicos, newsletters y bandejas llenas

Acciones concretas para reducir tu huella digital en minutos

Parece mentira, pero un simple correo electrónico tiene también su impacto ambiental. Se calcula que un email básico puede equivaler a varios minutos de una bombilla de bajo consumo encendida, y si lleva adjuntos pesados la cifra se dispara. Multiplica eso por cientos de mensajes diarios a nivel global y entenderás por qué merece la pena ordenar la bandeja de entrada.

Empieza por borrar correos antiguos, newsletters que nunca lees y mensajes con adjuntos que ya no necesitas. Vaciar las carpetas de spam, promociones y papelera de forma habitual reduce el volumen de datos almacenados en servidores y facilita que encuentres lo que de verdad importa. Además, te ayuda a trabajar con menos ruido y menos distracciones.

En paralelo, plantéate evitar los correos innecesarios tipo “gracias”, “recibido” o “ok”, sobre todo en entornos laborales donde se cruzan decenas de mensajes al día. Una comunicación más directa y concentrada reduce el número total de emails en circulación y, con ello, parte de la huella digital asociada.

Cuando tengas que enviar adjuntos, intenta comprimirlos o utiliza servicios de transferencia temporal en lugar de saturar la bandeja de entrada de la otra persona. Menos peso significa menos almacenamiento, menos tráfico y menos consumo energético a largo plazo.

Gestión de contraseñas, cuentas y autenticación

Otro frente clave para controlar tu presencia digital es todo lo relacionado con accesos y credenciales. Cuantas más cuentas abiertas tengas y más repitas contraseñas, mayor es la superficie de ataque para un ciberdelincuente y más datos habrá desperdigados por sitios que ni recuerdas.

Una medida rápida es limpiar tus cuentas online. Revisa servicios, tiendas, apps y plataformas en los que te registraste hace años y que ya no utilizas. Siempre que sea posible, solicita el cierre o eliminación de la cuenta en lugar de dejarla inactiva. Para profundizar en protección, aprende a blindar tu sistema y reducir las puertas de acceso que podrían aprovecharse si se produce una filtración.

A la hora de proteger los accesos que sí necesitas, es fundamental utilizar contraseñas robustas, únicas y difíciles de adivinar. Olvida combinaciones obvias y evita reutilizar la misma clave en varios servicios, porque un solo robo podría dejar al descubierto toda tu vida digital.

Para no volverte loco recordándolas, lo más práctico es usar un gestor de contraseñas fiable. Estos programas generan claves seguras, las almacenan cifradas y te permiten iniciar sesión sin tener que memorizarlas todas. Completa esta protección activando la autenticación de dos factores (2FA) siempre que esté disponible, ya sea mediante aplicaciones específicas, códigos o llaves de seguridad.

Además, muchos servicios empiezan a apostar por las passkeys o claves de acceso. Este sistema sustituye las contraseñas tradicionales por credenciales cifradas asociadas a tus dispositivos, que se validan con huella dactilar, reconocimiento facial o un PIN local. Es más cómodo, más seguro frente al phishing y reduce el riesgo de que tus datos de acceso terminen circulando por lugares indebidos.

Cookies, navegador y geolocalización

La configuración de tu navegador y de los permisos de ubicación del móvil tiene un peso enorme en tu huella digital pasiva. Una parte importante del rastreo que sufres en Internet se realiza a través de cookies de terceros y tecnologías de seguimiento entre sitios que funcionan en segundo plano mientras navegas.

En la práctica, muchas webs te piden aceptar cookies sin explicarte con claridad qué datos recopilan ni con quién los comparten. Siempre que tengas opción, rechaza las cookies de terceros y limita el seguimiento entre sitios desde los ajustes de privacidad de tu navegador. También es buena idea borrar periódicamente las cookies almacenadas, sabiendo que perderás algunas preferencias guardadas, pero ganarás en privacidad.

Otro punto delicado es la geolocalización. Muchas apps piden acceso a tu ubicación aunque no lo necesiten para funcionar. En Android e iOS puedes revisar, aplicación por aplicación, quién tiene permiso para saber dónde estás y en qué condiciones. Restringe ese acceso a “solo mientras se usa la app” o desactívalo por completo si no es imprescindible.

Si quieres rizar el rizo, puedes ir más allá con medidas avanzadas: bloquear rastreadores desde un filtro DNS local (como Pi-hole), instalar extensiones como Privacy Badger o activar protecciones antirrastreo mejoradas en navegadores compatibles. Aunque suene técnico, muchas de estas soluciones se configuran una vez y se olvidan, actuando como un escudo silencioso.

En entornos de máxima protección, hay quien opta por firmwares más privados, como GrapheneOS en ciertos móviles, o por modos de aislamiento en dispositivos concretos. No hace falta llegar a ese extremo para la mayoría de usuarios, pero conocer que existen estas opciones ayuda a valorar hasta dónde quieres llegar en tu lucha contra el rastreo.

Extensiones, VPN y navegación anónima

Las herramientas que utilizas al navegar también influyen mucho en lo fácil que resulta seguirte la pista. Instalar algunas extensiones de seguridad y privacidad puede reducir drásticamente la cantidad de información que filtras sin darte cuenta.

Por ejemplo, los bloqueadores de rastreadores y anuncios, así como las extensiones especializadas en privacidad, impiden que muchas webs fraudulentas o invasivas carguen elementos que no necesitas. Además de mejorar la seguridad y la experiencia de uso, ayudan a que tu actividad online sea menos transparente para terceros.

Una red privada virtual (VPN) es otro recurso interesante. Al conectarte a través de una VPN, tu tráfico se cifra y tu dirección IP real queda oculta detrás de la del servidor VPN. Esto complica la tarea de vincular tus movimientos a una identidad concreta y viene especialmente bien cuando te conectas desde redes WiFi públicas.

Si necesitas un plus de anonimato, existen redes como Tor que enrutan tu conexión a través de varios nodos, haciendo mucho más difícil rastrear el origen de tu tráfico. Este tipo de soluciones exige cierto sacrificio en velocidad y comodidad, pero a cambio refuerza tu capacidad de moverte sin dejar tanta huella identificable.

Descargas, videollamadas y tiempo de streaming

Más allá de la privacidad pura y dura, también puedes actuar sobre el impacto ambiental de tu vida digital. Dos de los grandes consumidores de recursos son el streaming de vídeo y las videollamadas constantes, que tiran de centros de datos gigantescos para servir contenido en tiempo real.

Cuando tengas reuniones internas o llamadas en las que no sea imprescindible verse la cara, plantea usar solo audio. Las videollamadas con cámara encendida consumen bastante más ancho de banda y energía que una simple llamada de voz, y no siempre aportan tanto como pensamos.

Con el ocio pasa algo parecido. Ver series, películas o directos en alta resolución es cómodo, pero dispara la huella digital colectiva. Descargar contenidos para verlos en modo offline cuando sea posible, desactivar la reproducción automática y evitar dejar vídeos funcionando como ruido de fondo son pequeños gestos que, multiplicados por millones de usuarios, marcan la diferencia.

Las propias aplicaciones y sistemas operativos también generan tráfico incluso cuando no las usas. Desactiva las actualizaciones automáticas que no sean críticas y revisa si realmente necesitas todas las nuevas funciones antes de descargar grandes paquetes de datos. Un enfoque más consciente de las actualizaciones y descargas reduce tanto el tráfico de red como el gasto energético asociado.

Por último, plantéate cerrar pestañas y apps que tienes abiertas “por si acaso” pero no estás utilizando. Esas pequeñas cargas en segundo plano consumen recursos, batería y datos sin aportar gran cosa. Hacer una limpieza regular de tu escritorio digital es una forma sencilla de mejorar el rendimiento y recortar tu impacto.

Aplicaciones, dispositivos móviles y almacenamiento

El móvil se ha convertido en el centro de nuestra vida digital, y eso tiene un precio en términos de privacidad y recursos. Cuantas más aplicaciones tengas instaladas, más datos personales, de uso y de ubicación estarán circulando, a menudo compartidos con terceras partes con fines publicitarios.

Una rutina saludable consiste en revisar con calma qué apps usas realmente y desinstalar todo lo que lleve meses muerto de risa. Cada aplicación extra es una fuente potencial de recogida de datos, de sincronización en la nube y de procesos en segundo plano que consumen batería y ancho de banda. Menos es más también en este terreno.

Mientras revisas, echa un vistazo a los permisos de cada app: ubicación, cámara, micrófono, contactos, galería, mensajes… Si una aplicación no necesita saber dónde estás o acceder a tus fotos para funcionar, no le des ese permiso. Y si insiste en pedirlo sin motivo, quizá sea hora de buscar una alternativa más respetuosa.

En cuanto al almacenamiento, tanto en tu dispositivo como en la nube, conviene poner orden. Eliminar fotos duplicadas, vídeos enormes que ya no vas a ver, documentos antiguos y copias de seguridad obsoletas reduce el espacio que ocupas en servidores y mejora el rendimiento de tus aparatos; además, plantéate utilizar cifrado avanzado para proteger copias sensibles.

No olvides también organizar tus chats y archivos en aplicaciones de mensajería. Los grupos llenos de vídeos, memes y audios que nunca revisas ocupan un espacio enorme en tu móvil y en los servidores del proveedor. Borrar conversaciones antiguas y limpiar archivos adjuntos de vez en cuando es una buena costumbre, y un gestor de archivos te puede ayudar a ordenar documentos y multimedia.

Huella digital en tu rutina diaria: móvil, coche, comida y casa conectada

Si sigues el recorrido de un día cualquiera verás cómo vas dejando rastro en casi cada paso que das. Tu smartphone, tu coche, las apps de comida a domicilio y tus dispositivos inteligentes de casa participan en esa recopilación de datos.

Por la mañana, revisas el tiempo, ves unos reels, miras el tráfico… Todo eso implica ubicación, historial de búsqueda e interacción en redes. Configurar bien los permisos de localización y los ajustes de privacidad en redes y navegador reduce buena parte de ese seguimiento sin renunciar a las funciones básicas.

Cuando te subes al coche, sobre todo si es un modelo moderno y conectado, el vehículo puede llegar a recopilar decenas de gigabytes de datos por hora. Los sistemas de infoentretenimiento, las conexiones móviles integradas y los sensores envían información sobre tu conducción, tus recorridos y hasta tus contactos, que los fabricantes pueden cruzar, almacenar y hasta revender.

En este caso, es buena idea sumergirte en el menú del coche y desactivar las funciones conectadas que no utilices, revisar las opciones de privacidad y mantener el firmware actualizado. Instalar un inmovilizador o, si eres muy celoso con tu privacidad, optar por vehículos con menos capacidades conectadas son otras vías para recortar tu huella sobre ruedas.

A la hora de comer, muchas personas recurren a apps de reparto de comida y bebida. Estas plataformas suelen recopilar decenas de categorías de datos personales, desde tu historial de pedidos hasta tu dirección exacta, tu teléfono y tus preferencias de gasto, y no siempre los guardan solo para ellas: el intercambio con socios comerciales es habitual.

Para rebajar el impacto, revisa los permisos de localización de estas apps (mejor “solo al usar” que “siempre”), evita dar acceso a contactos o galería salvo que sea imprescindible y piensa si necesitas compartir hasta el número de piso con cada pedido. Incluso puedes usar correos temporales o alias para registrar cuentas menos vinculadas a tu identidad principal, o pagar en efectivo cuando la opción esté disponible.

Por la noche, llegas a casa y activas tu altavoz inteligente, tu televisor conectado o tu robot aspirador. La comodidad es enorme, pero estos dispositivos forman parte del llamado Internet de las Cosas y muchas veces presentan fallos de seguridad o políticas de privacidad agresivas. Grabaciones de voz almacenadas más tiempo del prometido, cámaras vulnerables o aparatos usados en redes de bots son solo algunos ejemplos reales.

Para minimizar riesgos, revisa las opciones de privacidad de tu ecosistema de hogar inteligente y desactiva todo lo que implique enviar grabaciones para análisis o conservar historiales largos. Silencia los micrófonos cuando no los necesites, tapa físicamente las cámaras cuando puedas y conecta tus dispositivos IoT a una red WiFi de invitados separada, de modo que, si alguno se ve comprometido, al menos no tenga acceso directo a tus ordenadores o móviles principales.

Si quieres ser más radical, siempre puedes prescindir de ciertos “gadgets” conectados y optar por versiones no inteligentes o soluciones que procesen datos en local sin pasar por la nube. Qué es un dumbphone y por qué puede ser una alternativa útil si buscas reducir al máximo tu huella digital. Menos micrófonos, cámaras y sensores conectados equivalen, al final, a menos huella digital dentro de tu propio hogar.

Al final de todo este recorrido, lo que se dibuja es claro: la huella digital no es solo un concepto técnico, es la suma de cientos de pequeños gestos cotidianos. Cada ajuste de privacidad que corriges, cada app que desinstalas, cada correo que no envías y cada vídeo que no dejas en bucle aporta un poco de tranquilidad, reduce la información expuesta y recorta, aunque sea modestamente, el impacto ambiental de tu vida en línea.



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domingo, 8 de marzo de 2026

Mientras Occidente debate qué hacer con la IA en los colegios, en China ya hay escuelas convirtiéndola en tutora infantil

Mientras Occidente debate qué hacer con la IA en los colegios, en China ya hay escuelas convirtiéndola en tutora infantil

Cualquiera que haya sido niño o padre conoce la escena: la luz del flexo encendida, un problema de matemáticas incomprensible sobre la mesa, las lágrimas cayendo por la frustración de no entender una lección o no lograr pronunciar un idioma extranjero, y un padre o madre perdiendo la paciencia tras explicar lo mismo por quinta vez. 

En China han encontrado la forma de darle la vuelta, padres frustrados y agotados por sus jornadas laborales están delegando la supervisión académica de sus hijos a la inteligencia artificial. Mientras en diferentes países existe un fuerte debate y temor sobre si la IA erosiona el pensamiento crítico de los estudiantes, en China ocurre lo contrario: una encuesta de 2025 liderada por KPMG reveló que más del 90% de los chinos se muestra optimista frente a esta tecnología.

El fenómeno saltó a la luz pública y desató el debate en redes sociales cuando una madre en la provincia de Shandong descubrió a su marido jugando en el teléfono móvil mientras dejaba que Kimi AI, un chatbot capaz de procesar dos millones de caracteres, le hiciera los deberes a su hijo. Pero este padre no es un caso aislado. Muchos adultos están utilizando la IA no solo para enseñar, sino para hacer las temidas "tareas para padres". El Sr. Zhang, por ejemplo, admitió usar el chatbot Doubao para generar resúmenes de las Fábulas de Esopo e imprimir imágenes paso a paso para proyectos de manualidades de su hijo de tercer grado.

El mercado ha respondido con una avalancha de gadgets. Zheng Wenqi, una madre trabajadora, compró por unos 375 dólares el "Native Language Star", un dispositivo compuesto por una mascarilla que amortigua su voz en chino y un altavoz que la traduce al inglés para conversar con sus hijos. Otros, como la profesora universitaria Wu Ling, invirtieron 1.170 dólares en AlphaDog, un perro robot impulsado por el modelo DeepSeek que practica inglés, baila y hace compañía a su hijo único. 

Incluso hay padres que han ido un paso más allá convirtiéndose en creadores. Es el caso de Yin Xingyu, una madre de Shenzhen que no sabe programar, pero que utiliza la técnica del vibecoding con DeepSeek para crear juegos interactivos de palabras en inglés para su hija de 6 años, además de generar cómics personalizados con el modelo de imágenes Nano Banana Pro. Para los padres más puristas, han surgido dispositivos como el "Youdao AI Q&A Pen", un bolígrafo inteligente diseñado desde el "ascetismo": no tiene navegador ni juegos, solo guía al niño paso a paso en su razonamiento matemático sin darle la respuesta directa.

Un negocio multimillonario en una zona gris

Todo este entusiasmo ha alimentado un descontrolado mercado de tecnología educativa valorado en más de 43.000 millones de dólares. La externalización ha salido de las casas para tomar las calles y, hasta julio de 2024, se estimaba la apertura de unas 50.000 "salas de estudio de IA" en todo el país. En estos locales, los niños se sientan en cubículos frente a tabletas estandarizadas; no pueden irse hasta que los indicadores de la pantalla pasen de rojo (errores) a verde (respuestas correctas).

Según detallan en CCTV, los "profesores" de estas salas no enseñan, tienen prohibido explicar la materia y actúan como meros supervisores y vendedores a comisión. Para sobrellevar la monotonía de 6 a 8 horas respondiendo preguntas, algunos niños aprenden a jugar al Go o al Gomoku en secreto en las mismas máquinas, a menudo con la vista gorda de los supervisores. Sin embargo, exempleados y padres denuncian que en muchos de estos centros la "inteligencia artificial" es solo una fachada de marketing para cobrar más, y los niños simplemente consumen lecciones pregrabadas en tabletas básicas.

Detrás de estas salas de estudio se esconde una táctica de supervivencia empresarial. Muchos de estos centros operan en una zona gris para eludir la estricta política de "doble reducción" impuesta por el gobierno en 2021, que prohibía las tutorías con fines de lucro para aliviar la presión financiera y académica sobre las familias. Al argumentar que "es la IA quien enseña y no un humano", estas empresas esquivan a los reguladores de educación, registrándose bajo nombres de "medios culturales" y evitando palabras como "inscripción" o "clases". Las franquicias se están expandiendo estratégicamente hacia zonas periurbanas y pueblos pequeños, donde los alquileres son bajos y los padres están igualmente dispuestos a pagar por un lugar donde dejar a sus hijos.

Familia deberes Familia deberes

Esta adopción masiva no es un accidente; está respaldada por una directiva estatal clara. El gobierno chino está impulsando la integración de la IA en la educación como parte de una estrategia nacional para acelerar su progreso tecnológico frente a competidores globales como Estados Unidos.

Las normativas ya están sobre la mesa. A partir del semestre de otoño de 2025, Pekín exigirá un mínimo de ocho horas anuales de educación en IA en todas las escuelas primarias y secundarias. La transición ha sido rápida y planificada, con la educación superior liderando el camino: el 99 % de los universitarios y profesores en China ya utiliza herramientas generativas, y universidades de élite como Zhejiang o Fudan han convertido los cursos de IA en asignaturas obligatorias y transversales.

La ciencia respalda esta inmersión. Un estudio empírico realizado con estudiantes de secundaria en la ciudad de H demostró que la duración del uso diario de herramientas de IA influye de manera significativa y positiva en el conocimiento de la IA y en el pensamiento algorítmico de los alumnos. Es decir, la exposición constante ya está moldeando sus capacidades cognitivas y tecnológicas.

El debate está servido

Las opiniones de las familias están drásticamente divididas. Para muchos, la IA democratiza la educación. Madres como Li Linyun celebran que el chatbot Doubao sea un "profesor 24 horas, conocedor y extremadamente paciente", lo que le ha ahorrado cientos de dólares en tutores humanos y ha mejorado su relación con su hija.

Por otro lado, la dependencia tecnológica aterra a educadores y a una facción de padres, quienes critican que los niños se están volviendo perezosos y perdiendo la capacidad de pensar de forma independiente. En las salas de estudio, los supervisores notan que los alumnos, desesperados por poner la pantalla en verde, recurren a la memorización táctica: eligen respuestas incorrectas repetidamente por descarte hasta que el sistema los aprueba, sin aprender realmente el concepto.

A esto se suma la "ilusión de la IA" y sus alucinaciones. Su Xiao, madre de una alumna de noveno grado, descubrió que los modelos generales podían inventar datos históricos con total seguridad y fluidez, u omitir datos cruciales en problemas matemáticos, ofreciendo resultados lógicamente impecables pero erróneos. Esto la obligó a convertirse en una "inspectora de calidad cibernética", revisando exhaustivamente cada tarea que su hija hacía con la máquina.

Ante estos riesgos, el Ministerio de Educación de China ha tenido que intervenir, prohibiendo recientemente que los estudiantes de primaria utilicen herramientas de IA de forma independiente para completar sus tareas. La directiva subraya que la IA debe ser únicamente una herramienta de apoyo supervisada por los padres, para evitar la dependencia excesiva y proteger la privacidad de los datos.

Las escuelas tradicionales no se han quedado de brazos cruzados. Los profesores ya han empezado a identificar las "tareas con sabor a IA". Xu Shuang y Yu Yi, profesoras de lengua, relatan cómo detectan los ensayos generados por algoritmos: suelen tener un contenido vacío, carecer de emoción humana y abusar de estructuras gramaticales perfectas o cadenas de oraciones paralelas antinaturales.

Para combatir el "copiar y pegar", el sistema educativo está mutando. Escuelas como la Secundaria N.º 12 de Beijing están asignando tareas que requieren el uso estructurado de la IA. Por ejemplo, piden a los alumnos que utilicen big data para analizar el consumo durante el Festival de Primavera y que usen traductores neuronales para presentar sus hallazgos en inglés. El objetivo es obligar al alumno a usar el pensamiento crítico en el manejo de la herramienta, no dejar que la herramienta haga el trabajo.

Sin embargo, el elefante en la habitación es la desigualdad. Los investigadores advierten que la IA podría ensanchar la brecha social. Los datos empíricos lo confirman: el nivel educativo de los padres es el factor que más impacta positivamente en las habilidades y el pensamiento crítico de los estudiantes al interactuar con la IA. Mientras los niños de entornos urbanos y privilegiados aprenden a co-crear con profesores cualificados, los estudiantes rurales corren el riesgo de ser simplemente "aparcados" frente a pantallas en salas de estudio de bajo coste durante horas.

En última instancia, la inteligencia artificial en la educación es como un espejo que refleja nuestra actitud hacia el aprendizaje. Si se utiliza para atajar el esfuerzo, no es más que un "generador de respuestas perezoso"; pero si se usa con criterio, puede ser un excelente "compañero de aprendizaje".

La fiebre tecnológica en China demuestra que prohibir la IA es inútil y va en contra de los tiempos. El reto está en enseñar a los niños a cuestionar a la máquina. Pero, sobre todo, este fenómeno subraya una verdad ineludible: la educación real requiere conexión humana. Una IA puede estructurar un ensayo o recitar gramática infinitamente, pero no puede replicar el valor de la crítica adecuada, la comprensión tácita de una exploración colaborativa o la calidez de una sonrisa en un intercambio cara a cara. La tecnología puede hacer los deberes, pero criar y educar sigue siendo, irremediablemente, una tarea humana.

Imagen | Freepik y Annushka Ahuja

Xataka | NVIDIA iba a realizar la madre de todas las inversiones en OpenAI, pero la era de los favores entre amigos se acabó



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NVIDIA ha perdido la esperanza en China, por eso ha comenzado a fabricar sus propias GPU de nueva generación para IA

NVIDIA ha perdido la esperanza en China, por eso ha comenzado a fabricar sus propias GPU de nueva generación para IA

NVIDIA afronta este 2026 un año crucial. Se han convertido en uno de los mayores inversores estratégicos en ecosistema de la IA con decenas de inversiones milmillonarias en otras empresas, modelos, infraestructura y robótica. Pero, al final, son una empresa que provee chips y, hasta ahora, los H200 marcaban la pauta. Según un informe de Financial Times, eso se acabó. NVIDIA acaba de ordenar a TSMC que comience a fabricar en masa Vera Rubin, su hardware de nueva generación para la IA.

¿El motivo? Han perdido toda la fe en China.

En corto. Con toda la industria de la IA mirando al futuro, y una NVIDIA que tiene sus Vera Rubin en la parrilla de salida, resultaba extraño que la compañía siguiera invirtiendo tanto en mantener a TSMC trabajando en un chip tan veterano como el H200. Aunque ya tiene un tiempo, se ha posicionado como imbatible en la industria debido a su relación precio/potencia, por lo que son estos los chips sobre los que se ha levantado el imperio de la IA.

Sin embargo, el tiempo pasa y NVIDIA necesita moverse. Los centros de datos necesitan más potencia, los modelos nuevos son más exigentes y la punta de lanza del sector del software -como OpenAI o Google- han demandado nuevas soluciones. Según dos fuentes consultadas por el medio financiero, y cercanas a los planes de NVIDIA, la compalia se ha cansado de “esperar en un limbo” y ha empezado a acelerar la entrega y despliegue de Vera Rubin.

Incomparables. Como no podría ser de otra manera, se va a encargar TSMC. A la fundición taiwanesa ya se le habría pedido que empiece a diversificar la línea de producción para comenzar a fabricar los nuevos chips. Y si te estás preguntando por qué a Google o a OpenAI no les vale con comprar, simplemente, más H200, la respuesta es porque los chips no tienen nada que ver.

H200 es una GPU más clásica para un centro de datos. Es la configuración con la que las empresas de la IA y la computación en estos servidores llevan años trabajando. Vera Rubin, sin embargo, es un cambio de paradigma formado por nuevas CPU, nuevas GPU y diseñado para que todo trabaje como un único acelerador a escala de rack. Cuenta no sólo con más potencia, sino también con las últimas adiciones de software y hardware de NVIDIA y algo muy importante: un ancho de banda bestial.

Cuanto mayor sea el ancho de banda en un sistema de este tipo, más cantidad de datos simultáneos puede manejar. Esto implica una mayor eficiencia a la hora de entrenar, pero también un coste menor en la inferencia. No es una actualización, es un cambio de plataforma pensado para modelos de trillones de parámetros.

Poca fe en China. Por decirlo de forma más simple, si el H200 es como una “tarjeta gráfica potentísima”, Vera Rubin es como un minicentro de datos por sí mismo. Y si te estás preguntando por qué no empezaron antes con la producción, el motivo es… China. Jensen Huang, CEO de NVIDIA, lleva meses ‘peleando’ con Washington para que abrieran los brazos en la guerra comercial y tecnológica que mantienen EEUU y China. Trump terminó accediendo y Huang comentó a comienzos de este año que habían vuelto a “encender” todas las líneas de producción para abastecer la altísima demanda china.

El problema es que esa demanda no llegó. Al menos, no fue tan alta como Huang esperaba. En la presentación de resultados, la directora financiera de NVIDIA comentó hace unos días que “si bien pequeñas cantidades de H200 para clientes chinos fueron aprobadas por el gobierno de EEUU, aún no hemos generado ningún ingreso. Y no sabemos si se permitirán importaciones a China”. El problema ya lo contamos: EEUU estaba dejando que NVIDIA vendiera sus gráficas, pero el gobierno chino no parecía tan convencido.

Sus principales Big Tech estaban demandando las soluciones de NVIDIA, argumentando que las necesitan para estar al día con lo que hacen sus rivales estadounidenses, pero la pelota estaba en el tejado del Gobierno y de Aduanas. China está impulsando una IA diferente a la de EEUU, más centrada en costos bajos y rápida aceptación por parte del cliente, y a la vez quiere construir su propia red de hardware con empresas como SMIC o una Huawei que ya tiene su supercomputador para la IA.

Volantazo complicado. Desde Financial Times apuntan que el presidente de China, Xi Jinping, y el de Estados Unidos se reunirán a finales de marzo para debatir sobre los controles de exportación. El problema es que, según sus fuentes, aunque se levante la barrera totalmente y no sólo para ciertas empresas y China pueda comprar en masa las H200, volver a girar el barco de TSMC para que empiece de nuevo a producir H200 sería complicado.

No es tan simple como pulsar un botón y pasar de producir una cosa a la otra. De darse esta situación, “NVIDIA tardaría hasta tres meses en reasignar o agregar capacidad a la cadena de suministro para producir H200”.

Slack Imgs Slack Imgs Una de las PCB de Vera Rubin

Ganadora de rebote. Lo que está claro aquí es que NVIDIA no va a perder con la operación. Huang ya argumentó que Estados Unidos no podía perder la oportunidad de sacar tajada de un mercado de miles de millones (porque EEUU dejó vender las tarjetas… con un arancel del 25%), pero sea la industria china o la occidental, es a NVIDIA a la que le siguen comprando las H200 y, dentro de ‘poco’, las Vera Rubin.

Y la ganadora de rebote en esta operación es Samsung. De las tres compañías que fabrican memoria (y que han catapultado la crisis de la memoria RAM y los SSD en la que nos encontramos), Samsung es la que ha completado su memoria HBM4 de nueva generación. Es la que ha pasado los altos estándares de NVIDIA y la que ya se está fabricando en masa para poder integrar en los sistemas de Vera Rubin.

Todos atentos. Como decíamos, NVIDIA tiene a toda la industria a sus pies. Google, xAI y Meta están trabajando en sus propios chips, pero junto a Microsoft, Amazon Web Services, OpenAI, Mistral y Anthropic son algunas de las empresas que quieren los nuevos chips de NVIDIA. También fabricantes como Dell, Lenovo, Oracle o IBM anunciaron en el CES de este año sistemas basados en Vera Rubin para centros de datos empresariales.

Supuestamente, NVIDIA mandó algunas muestras de Vera Rubin a ciertos socios hace apenas unos días y se espera que el despliegue total se produzca entre finales de año y 2027. Por lo que, si estabas esperando que la RAM (y que cualquier producto tecnológico) baje de precio a corto plazo, puedes seguir esperando: el mundo necesita más anuncios de Coca-Cola hechos con IA o poder hacer imágenes de Ghibli.

Imágenes | NVIDIA, Karola G, Pexels

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The Line ha terminado siendo un fracaso, pero Arabia Saudí tiene plan B: crear la madre de todos los centros de datos

The Line ha terminado siendo un fracaso, pero Arabia Saudí tiene plan B: crear la madre de todos los centros de datos

Hace casi una década conocimos Neom, un superproyecto saudí orquestado para diversificar la economía y dejar de depender tanto del petróleo. Dentro de las ‘locuras’ dentro de Neom, The Line era la mayor: una ciudad lineal de 170 kilómetros de largo y 500 metros de altura para albergar a nueve millones de personas. El proyecto se ha ido desmoronando, pero han encontrado una solución: reconvertir The Line en un centro de datos.

No esperarías otra cosa, ¿no? Vamos con contexto.

Escalando, pero hacia abajo. The Line ha pasado de ser la ciudad del futuro a algo totalmente diferente. A lo largo de los años, el megaproyecto utópico de 500.000 millones de dólares sin coches, automatizada, alimentada por renovables y que se empezó a construir bajo fuertes polémicas por el desplazamiento forzoso de tribus nativas se fue desinflando.

De los 170 kilómetros y nueve millones de habitantes, las expectativas bajaron a los 2,7 kilómetros de largo para una población de 300.000 habitantes. Los informes más recientes e independientes apuntaban que The Line era irrealizable y que ni un país como Arabia Saudí podría asumir el coste. Había expertos que apuntaban que era algo “desanclado de la realidad”.

“Nueva fase”. El problema es que ya hay cierta infraestructura construida y, siendo un fracaso como ya es (y como se percibe por el resto del mundo), lo más sensato sería reutilizar lo ya levantado para hacer lo que sea. Y dentro de ese ‘lo que sea’, entra la nueva mina de oro: los centros de datos. En la zona en la que iban a construir la megaurbe hay espacio de sobra para albergar centros de datos gigantescos, pero también algunas ventajas operativas.

Captura De Pantalla 2026 03 06 A Las 13 11 25 Captura De Pantalla 2026 03 06 A Las 13 11 25 Una pequeña parte de las tierras que ya se empezaron a mover para construir The Line. Algo habrá que hacer con el trabajo hecho

Desde el país no han dicho nada porque, como decimos, sería aceptar un fracaso de proporciones bíblicas, pero desde hace unas semanas se apunta que esa nueva fase, esa reconversión a centros de datos, permitiría monetizar lo que hasta ahora sólo ha sido un pozo de dinero. Ya tienen los terrenos, los movimientos de tierra y parte de las conexiones eléctricas, y levantar centros de datos es más sencillo que ‘tirar’ dos rascacielos de kilómetros y kilómetros de largo.

Neom IA. Y ese nuevo enfoque cuadra con la aspiración de Arabia Saudí de convertirse en el nodo de la IA a nivel mundial. Llevamos unos meses contando cómo Arabia Saudí está invirtiendo muchísimo dinero para atraer empresas que quieran construir centros de datos. Por ejemplo, 7.000 millones de una tacada en NVIDIA, inversión enorme para construir un centro de datos del tamaño de una ciudad, y han creado una empresa llamada Humain en la que tanto NVIDIA como AMD ya están metidas.

Las compras millonarias no se están restringiendo a inversiones en las Big Tech occidentales. En septiembre del año pasado, el fondo saudí (que, al final, es propiedad del país) se fundió 55.000 millones de dólares en una empresa mítica de videojuegos: Electronic Arts. No lo hizo por sus videojuegos (que, ciertamente, están de capa caída), sino para comprar influencia cultural en millones de hogares.

No ha sido el único movimiento milmillonario del país en materia de videojuegos, ya que ahora están negociando la compra de una empresa de juegos móviles por unos 7.000 millones de dólares.

Acceso al mar Rojo. Por tanto, es evidente que el país quiere diversificar su economía, aunque eso suponga invertir cantidades astronómicas que, ciertamente, siguen siendo infinitamente más pequeñas que el objetivo inicial de The Line. Y, aparte de dinero, los saudíes tienen algo igual de importante: potestad para hacer lo que quieran en materia energética, territorio y acceso al mar Rojo.

Los centros de datos necesitan agua para disipar el calor y, aunque la marina no es adecuada (de hecho, ahí está la polémica por sus necesidades de agua dulce), el mar rojo implica una salida al resto del mundo. ¿Cómo? Mediante cables submarinos. Están desplegando cables y ese acceso al mar rojo permitiría integrar los centros de datos en los terrenos de The Line con nodos de fibra óptica internacional en Europa o África.

“Estamos decididos, por la gracia y el poder de Dios, a alcanzar los objetivos de transformación. Pero tampoco dudaremos si hay que cancelar o cambiar de forma radical cualquier programa u objetivo si encontramos que el interés público así lo requiere” - Consejo de Shura sobre Neom y The Line en septiembre de 2025

Retos. También pueden combinar el gas con las renovables como la solar, donde tiene un enorme potencial en el terreno, aunque hay algunas dificultades por delante. Por ejemplo, las temperaturas son altas y el agua dulce escasea, aunque sí podría usarse en sistemas de intercambio de calor. Además, la energía necesaria para mantener las condiciones de humedad y temperatura de las salas de servidores sería tremenda, complicando el diseño de la infraestructura.

Promesas y realidades. Al final, y como señalan diferentes fuentes en Financial Times, se trata de conseguir dinero, diversificar la economía y los centros de datos entran en la ecuación. La ubicación entre tres continentes es buena, hay tierra de sobra y acceso a energías tanto renovables como rentables (con proyectos como el del hidrógeno verde). Y luego está el mar Rojo.

Sin duda, parece más factible que veamos un centro de datos gigantesco antes que cualquier otra cosa relacionada con el proyecto Neom. La actualidad está demostrando que las Big Tech tienen miles de millones para invertir en la inteligencia artificial, y los bolsillos saudíes son profundos para atraer a quien sea. Algunas de las más grandes -Amazon, por ejemplo, que acaba de cerrar sus centros de datos en Arabia Saudí por los ataques iraníes- pueden sentirse atraídas por el fondo soberano.

Pero claro, habrá que ver si se cumple. Ahí tenemos la Torre Jeddah, Mukaab, o faraónico aeropuerto, otros ejemplos fuera de Neom que, de momento, no son más que promesas. Y las Big Tech con su hambre de computación necesitan los centros de datos de la próxima década… para antes de ayer.

Imágenes | Neom

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"La vigilancia ciudadana y las armas autónomas merecían más deliberación" dimite la directora de robótica de OpenAI

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Hace una semana justo contábamos que "A rey muerto, rey puesto": el paso de Anthropic al puro ostracismo tras ser considerado como un "riesgo para la cadena de suministro" de Estados Unidos prácticamente se solapaba con el anuncio del acuerdo de la Administración de Defensa de EEUU con OpenAI en tiempo récord. Entre bambalinas: los motivos del no de la empresa liderada por Dario Amodei y la incógnita de los términos de ese acuerdo que instala ChatGPT en los ordenadores del Pentágono. Pocos días después, Caitlin Kalinowski dice adiós a su cargo en OpenAI esgrimiendo como razón el uso militar de la inteligencia artificial.

La dimisión. Caitlin Kalinowski, responsable del equipo de robótica de OpenAI desde noviembre de 2024, anunciaba hace escasas horas su salida de la empresa en publicaciones de X y de LinkedIn. Deja claro que su decisión va de principios y no de personas y expresa respeto por Sam Altman y el equipo. En su escueta declaración hay dos líneas que, según su opinión, la empresa no pensó internamente lo suficiente:

  • La vigilancia de la ciudadanía estadounidense sin supervisión judicial.
  • Las armas autónomas capaces de disparar sin supervisión humana.
Captura De Pantalla 2026 03 08 A Las 7 34 04 Captura De Pantalla 2026 03 08 A Las 7 34 04 Toca para ir a la publicación

Contexto. La dimisión se produce en plena salida de Anthropic del Pentágono (la transición durará seis meses), la entrada de OpenAI y en pleno debate sobre hasta dónde deben llegar las empresas de IA en su colaboración con el estamento militar estadounidense:

  • Anthropic se plantó ante el Pentágono trazando límites estrictos sobre vigilancia doméstica y armas autónomas.
  • OpenAI alcanzó un acuerdo con el con el Departamento de Defensa para desplegar sus modelos en una red gubernamental clasificada en un movimiento que se ha interpretado como oportunista. Según la empresa liderada por Altman, el acuerdo excluye la vigilancia doméstica y armas autónomas, pero el daño a su reputación ya estaba hecho: miles de personas se desinstalaron ChatGPT a modo de cancelación.

Por qué es importante. El adiós de Caitlin Kalinowski es la primera dimisión pública y nominativa de un cargo senior de OpenAI motivada por desacuerdos éticos sobre el uso militar de la IA de forma explícita. Y esto marca un precedente en la industria en tanto en cuanto expone la fractura interna en la empresa más influyente del sector, sitúa a OpenAI en una situación delicada ante quienes usan sus herramientas, su plantilla y también ante la sociedad. 

Y finalmente, deja más patente que nunca la necesidad de legislar sobre la inteligencia artificial y sus usos civiles y militares. Puede que Europa esté atrás en la batalla de la IA, pero hace tiempo que se puso manos en la ardua tarea de establecer un marco regulatorio.

Lo que Kalinowski no dice. En los comentarios de su publicación en X/Twitter, alguien le pregunta cuántas personas más se han ido tras el acuerdo, algo a lo que  la ingeniera se niega a responder porque no puede compartir detalles internos. 

Kalinowski no lo dice claramente, pero cuando un acuerdo de esta envergadura ya está firmado y su CEO lo hace público, no hay margen para mucha maniobra desde dentro: dimitir con una declaración pública como la suya es de las pocas maniobras de presión que quedan para ejercer. 

Consecuencias. Para OpenAI, la presión crece y se enfrenta a más salidas y más cancelaciones si no muestra de forma clara cuáles son sus líneas rojas de forma creíble y verificable: la militarización de la IA es algo que estamos viviendo en tiempo real. Para la industria de la IA, es más leña al fuego del debate de la autorregulación. Y Anthropic gana en reputación, si bien a corto plazo ha perdido un acuerdo importante y su nuevo estatus puede llegar a poner en jaque su existencia.


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Portada | Caitlin Kalinowski 



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