
Si Stargate olía raro es porque lo hacía. Lo acaba de demostrar la decisión de Oracle y OpenAI que han decidido frenar sus planes de expansión para el centro de datos que iba a ser buque insignia del proyecto. Esto no es solo un revés para el proyecto: es un punto de inflexión en esa narrativa que no hemos parado de ver y que parecía defender que la inversión en IA podía ser ilimitada. No es así.
OpenAI ya no se fía de Oracle. Según revelan fuentes cercanas al proyecto, los planes de OpenAI para expandir la alianza con Oracle en su centro de datos en Abilene (Texas) han sido cancelados. Lo que inicialmente parecía una sólida asociación para dominar el segmento del cómputo de IA se ha chocado frontalmente con una realidad: el sector parece estar creciendo más rápido que sus cimientos.
Demasiado lentos. En Bloomberg indican que la decisión responde a una incapacidad de escalar al ritmo que Sam Altman exige. OpenAI necesita una densidad de cómputo y una velocidad de despliegue que Oracle no puede garantizar a corto plazo. Eso ha obligado a OpenAI a mirar a otros socios —incluido Microsoft— para no comprometer su hoja de ruta.
Desfase tecnológico. Este freno es un síntoma de un potencial problema crítico para Oracle: el mundo exige centros de datos con la última tecnología, los chips más modernos y modernos sistemas de refrigeración líquida, pero Oracle parece estar centrada en un ciclo de actualización lentísimo. Están construyendo centros de datos de ayer con la deuda de mañana: aunque las infraestructuras que están construidas eran válidas bajo estándares previos, resultan obsoletas para la próxima generación de grandes modelos de lenguaje (LLMs).
Las cuentas no salen. Y como decíamos, el otro problema de Oracle es que todos esos proyectos se financian con un apalancamiento y un riesgo económico muy elevado. La empresa de Larry Ellison está comprometiendo flujos de caja futuros para crear centros de datos que sean "viejos" cuando logren entrar en acción. Si los ingresos por IA no se materializan, Oracle se encontrará en una posición peligrosa.
Burbuja. Todo ello contribuye una vez más al debate sobre la burbuja de la IA. Ya nadie parece negar que esa burbuja existe, pero este frenazo despierta más y más dudas sobre el exceso de inversión en el sector. Que OpenAI ahora tome esta decisión es una mala señal, y refuerza la teoría de que la inversión en IA ha sido absolutamente exagerada. Solo este año varios gigantes de la IA han indicado que dedicarán un capex de 650.000 millones para centros de datos.
El reto de no ser una Big Tech. OpenAI tiene un problema fundamental: está intentando jugar con los mayores. Google, Amazon y Microsoft contaban ya con gigantescas infraestructuras en la nube, pero también con una situación financiera que les permite plantear su estrategia de otro modo. Mientras OpenAI no ha parado de firmar acuerdos en los que las cifras que se mueven son asombrosas. OpenAI sigue quemando dinero, pero no solo el suyo: también el de los demás.
El peligro del efecto dominó. Que OpenAI haya pisado el freno con Oracle puede ser peligrosamente contagioso. Si una de las empresas de referencia en el sector da un paso atrás en su alianza con un proveedor clave, otros clientes podrían comenzar a pensárselo dos veces antes de llegar a acuerdos similares.
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