martes, 6 de noviembre de 2018

El primer almacén gestionado íntegramente por robots sigue necesitando a los humanos: 5 técnicos para tareas de mantenimiento

El primer almacén gestionado íntegramente por robots sigue necesitando a los humanos: 5 técnicos para tareas de mantenimiento

Según el Foro Económico Mundial, la automatización eliminará 75 millones de puestos de trabajo para 2025. Pero también se comenta que se generarán 58 millones de nuevos empleos, aunque esta segunda parte de la ecuación quizás no compense a los posibles afectados. Un ejemplo de cómo los robots están progresivamente sustituyendo a los trabajadores lo encontramos en Shanghai, donde el gigante del ecommerce JD.com, rival de Alibaba, ha abierto a mediados de este año sus almacenes completamente automatizados.

Las naves industriales de JD.com realizan hasta 200.000 pedidos cada día y tienen un tamaño de 40.000 metros cuadrados. Un lugar donde habitualmente se habrían empleado entre 400 y 500 trabajadores. Pero informa la CNBC, el objetivo ha sido eliminar costes de contratación y automatizar sus instalaciones. Para ello, han realizado una colaboración con Mujin, una startup de Tokyo cuyos robots han permitido reducir el número total de trabajadores hasta cinco. Pero además estas personas no realizan ninguna tarea operativa, sino únicamente están ahí para realizar el mantenimiento de las máquinas y su puesta en marcha.

Mujin, una startup japonesa trabajando para un gigante chino

Almacen

La colaboración entre JD.com y Mujin empezó en 2017. La startup japonesa ha sido fundada por Issei Takino y Rosen Diankov, los dos doctorados en robótica. Actualmente emplean a más de 70 ingenieros, muchos de ellos procedentes fuera de Japón.

Su trabajo consiste en crear controladores y sistemas de cámaras que en conjunción con los brazos robóticos pueden encargarse de la mayoría de tareas repetitivas de una fábrica como la de JD.com. Mover paquetes, apilarlos, transportarlos por el hangar o cargarlos en los camiones. Son tareas donde en la mayoría de almacenes suele dejarse en manos de una persona, pero cuya labor puede realizarse mediante robots tal y como desde Mujin realizan.

Mujin es una startup japonesa de 70 trabajadores especializada en robótica y sistemas de visión por computador. Han implantado en unos almacenes de JD.com sus robots y logrado eliminar el factor humano de la cadena de producción.

Otra gran empresa que está apostando por la robotización de sus almacenes en Amazon, que ya en 2012 compró la compañía de robótica Kiva Systems por 775 millones de dólares. La estrategia es similar, aunque como hemos podido comprobar en sus centros robotizados, todavía emplean a trabajadores para tareas puntuales.

No ocurre así en el almacén de JD.com, donde toda la cadena logística está automatizada. Algo parecido a lo que sí realiza Amazon pero con sus supermercados, donde únicamente tres personas se encargan de la operativa.

Una automatización que todavía comete errores

Los almacenes de JD.com están equipados con 20 brazos robóticos, aunque también cuentan con otros tantos robots en forma de 'roomba' para mover elementos de un lado a otro. En total se administran hasta 60.000 cajas, según informaba YicaiGlobal.

La tecnología de Mujin se centra principalmente en cómo funciona el sistema de cámaras. Para ello las dividen en dos categorías: los sensores que controlan el movimiento de un lado a otro y los de visión, que permiten al robot identificar el producto con el que está tratando y actuar en consecuencia. Según describen sus creadores, esto ofrece a los robots "más autonomía y una respuesta inteligente", aunque no se emplea directamente inteligencia artificial.

Los robots de Mujin están programados para realizar tareas muy concretas en cuestión de milisegundos. Aquí no se aplica deep learning para que se adapten a cada situación. Al contrario, vienen equipados con procesadores muy potentes para poder realizar la misma acción repetidamente y con la mínima posibilidad de error.

Mujin no utiliza inteligencia artificial para automatizar los almacenes, sino robots con chipsets muy potentes capaces de realizar acciones repetitivas con precisión milimétrica. Aunque todavía tienen margen de mejora.
Mujin Camaras

El objetivo de la startup japonesa es empezar a trabajar con otras compañías a finales de este año y después de su experiencia con JD.com creen estar cerca de poder comercializar una solución para cualquier almacén que quiera automatizar sus tareas. Sin embargo, tal y como refleja CNBC, el sistema todavía no funciona a la perfección y en las demostraciones se vio como una caja fue dañada accidentalmente.

Un pequeño fallo pero que tuvo que hacer intervenir a los técnicos de mantenimiento que se encargan precisamente de estos puntos donde la máquina no sabe solucionar problemas que se salen de su tarea.

El papel de los trabajadores

Para Diankov, CTO de Mujin, la "introducción de los robots creará más puestos de trabajo, eso es lo que la historia nos ha enseñado." Y pone como ejemplo a Toyota, una empresa que apostó por la automatización y lidera su sector. Es interesante también comprobar como Diankov, nacido en Bulgaria, apostó por irse a Japón después de haber estudiado en California. Refleja que en el país nipón hay una gran cantidad de expertos en robótica, necesarios no solo para construir el sistema de robots sino también para mejorar su eficiencia, corregir fallos y mejorar sus funciones para adaptarse a las necesidades de cada almacén.

Labores de mantenimiento, desarrollo de nuevos sistemas o robots más eficaces. Según los ingenieros de Mujin, la tarea de los robots no debe equipararse directamente con los puestos de trabajo humanos.

Según Mujin, la cultura japonesa también es un factor que ha ayudado a implantar estos sistemas robotizados dejando de lado a los trabajadores humanos. Al contrario que en el mundo occidental como Europa o los EEUU, la tecnología robótica no está devaluada ni se intenta comparar directamente con los trabajadores humanos. Un debate donde los defensores de la robótica repiten una y otra vez que estos sistemas automatizados crearán nuevos puestos de trabajo.



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Autoblow, un robot sexual que aprovecha la inteligencia artificial para hacer felaciones «perfectas»

Inteligencia Artificial por aquí; Inteligencia Artificial por allá. La industria de la tecnología ha abrazado a los sistemas cognitivos como su futuro. Todo debe ser inteligente, pero con automatismos. Mientras se sueña con coches autónomos y voladores o robots que nos hagan una vida más cómoda, hay quien pone en práctica algunos avances para el aspecto más terrenal del ser humano, el sexo. Existen varias propuestas de robots sexuales. Su atracción, sin embargo, pasa por superar ciertos valores y éticas, pero en esa carrera por lograr el juguete sexual perfecto todavía tiene un largo recorrido. A las máquinas del placer que se han inventado y que, en algunos modelos emulan casi a la perfección el tacto humano, hay que sumar un desafío mayor: su comportamiento. Con ese objetivo se ha desarrollado Autoblow 2, una máquina sexual diseñada para realizar felaciones similares a la realidad. Se trata de una segunda versión del algoritmo diseñado hace cuatro años. Una iniciativa que ha contado con un grupo de investigadores y científicos, quienes tuvieron que visionar unos 1.145 videos de contenido para adultos (un total de 109 horas) para lograr una simulación del comportamiento humano durante el sexo oral. En lugar de hacer movimientos repetitivos, es capaz de ofrecer hasta dieciséis distintos. AUTOBLOW El proyecto, que cuenta con una funda de goma y un sistema mecánico alojado en un recipiente, ha recibido una inversión de 50.000 dólares (43.500 euros) para su desarrollo comercial. El resultado es un dispositivo cilíndrico que se puede utilizar con una sola mano. A diferencia de otros robots sexuales, esta máquina cuenta con un algoritmo informático que «cambia continuamente la técnica» para complacer al usuario «de formas nuevas y emocionantes», apuntan los investigadores. Los científicos emplearon una curiosa interfaz en la que utilizaron una representación de la cabeza del hombre al que bautizaron como «sliderman» o «hombre deslizante», que contaba con un elemento visual en forma de pene alargado cuyas marcas de calor servían para ajustar el algoritmo. Aunque suene descacharrante, la industria del sexo es muy innovadora en el sentido que ha experimentado con los avances tecnológicos de cada época para sus producciones y espectáculos como la realidad virtual y, ahora, la robótica. Es más, un estudio de YouGov estima que el 9% de los hombres tendrían sexo con un robot. ¿Serán así las relaciones del futuro?

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Redes 5G e inteligencia artificial: China quiere ser la superpotencia

El gigante asiático quiere llevar la batuta en las innovaciones digitales que abrirán una nueva era

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domingo, 4 de noviembre de 2018

Los grandes expertos que son escépticos sobre la inteligencia artificial: del "es puro marketing" al "no ha avanzado en 30 años"

Los grandes expertos que son escépticos sobre la inteligencia artificial: del

Hay titulares -como el de este artículo- que pueden ser malentendidos. Como con la inteligencia artificial (IA), conviene no dejarse llevar por las apariencias. Frente a lo que pueda parecer, este no es un artículo contra la IA, sino contra su mitificación y mistificación, y contra las visiones apocalípticas. Algo necesario en este momento de 'hype', de bombo excesivo de esta tecnología, de extremos y de exageración tanto de su potencial como de sus posibles riesgos.

La historia se repite. "Al igual que 'la nube' o 'big data' antes, el término 'inteligencia artificial' ha sido secuestrado por mercadólogos y publicistas. Gran parte de lo que la gente llama 'inteligencia artificial' es realmente analítica de datos. En otras palabras: más de lo mismo", comentaba ya en 2016 Om Malik -fundador del grupo mediático de medios en tecnología GigaOm y socio de TrueVentures- en un artículo en New Yorker. "Si la exageración te lleva a preguntarte qué es la IA en realidad, no te preocupes, no estás solo", añade. Él mismo pidió a varios expertos que definieran el término y encontró que, en lo que todos parecían estar de acuerdo, es en que la inteligencia artificial es un conjunto de tecnologías que intentan imitar o aumentar la inteligencia humana. "Para mí, el énfasis está en el aumento, en el que el software inteligente nos ayuda a interactuar y lidiar con el mundo cada vez más digital en el que vivimos", afirma.

Los científicos llevan ya más de medio siglo tratando de desarrollar sistemas medio decentes de IA. "Las técnicas de IA disponibles actualmente son básicamente las mismas que hace treinta años. Lo que ha cambiado es la infraestructura y la disponibilidad de los datos", explica Alexandra Kirsch, científica independiente experta en inteligencia artificial. "Gracias a internet y al desarrollo de ordenadores más rápidos -que aceleran la capacidad de cómputo- podemos responder a nuevas necesidades y usar técnicas como el aprendizaje automático estadístico que estaban disponibles antes pero no eran tan relevantes como lo son hoy", añade la investigadora.

Alexandra Kirsch Alexandra Kirsch

Precisamente por ello, es ahora cuando están emergiendo las aplicaciones más interesantes de la IA y aquellas con más proyección. Al mismo tiempo, el entusiasmo en torno a su potencial se ha disparado. Como Kirsch, muchos científicos se muestran escépticos. Piden cautela ante este hype y aclaran algunos malentendidos.

De inteligente, poco

"El 99% de las operaciones que realiza la mente humana no compensa en términos económicos"

¿Es inteligente la IA? No. No en términos de inteligencia humana. "No existe ninguna inteligencia artificial que equivalga a la mente de una persona ni es lo que se pretende", afirma Pablo Gervás, director del grupo de investigación en Interacción Natural basada en el Lenguaje y el Instituto Tecnología del Conocimiento de la Universidad Complutense de Madrid. Gervás señala que "el desarrollo de la IA se hace por dinero" y que por eso se centra en cosas muy concretas y potencialmente rentables, como la traducción automática de Google.

El experto en IA argumenta que el desarrollo de estas tecnologías es "carísimo" y requiere mucho esfuerzo en investigación, por lo que, para que merezca la pena económicamente, tiene que dar muchos beneficios. "El 99% de las operaciones que realiza la mente humana no compensa en estos términos", asegura. "Por eso se van desarrollando funcionesmuy aisladas, que no son extrapolables a otras facetas, por muy afines que sean. No es que porque sepan conducir coches vayan a conquistar el mundo", afirma.

De hecho, ni siquiera saben conducir coches. "Estamos poniendo vehículos en la carretera que no es que sepan conducir sino que saben girar el volante como tienen que hacerlo para no salirse del carril, y algunas otras tareas básicas", explica Gervás. "Un conductor humano hace muchísimas más cosas que no están contempladas por estos sistemas", añade. Señala que, si bien para nosotros conducir es un todo, la IA solo sabe una parte, ciertas tareas que se han logrado desarrollar. "Hay que explicar a la gente que las máquinas no son como nosotros, que tenemos muchas habilidades y sabemos cómo combinarlas, cambiar de una a otra, etc"

Pablo Gervas Pablo Gervás

En la misma línea, Joshua Bengio, profesor de informática en la Universidad de Montreal, que lidera uno de los grupos más prominentes a nivel mundial en el desarrollo de técnicas de aprendizaje profundo, asegura en una entrevista en MIT Technology Review que "hay personas que están sobreestimando enormemente el progreso que se ha hecho en este campo". "Hay muchos, muchos años de pequeños avances detrás que la gente subestima, y es difícil separar el hype de la realidad porque estamos viendo grandes avances que, a simple vista, parecen magia", añade.

Otro escéptico es Gary Markus, científico y emprendedor, fundador de la start-up de aprendizaje automático Geometric Intelligence, adquirida por Uber. "La gente está muy entusiasmada con algo que representa solo una pequeña parte de lo que realmente necesitamos lograr. Ha habido progresos, por ejemplo, en el reconocimiento de voz. Pero eso no es comprensión del lenguaje, es sólo transcripción", constata en una entrevista.

Gervás, por su parte, insiste en que, si bien cada una de las capacidades de la IA por separado puede considerarse un ingrediente para la inteligencia, no lo son por sí solas: "Además, ni siquiera sabemos qué es ser inteligente. A lo mejor le pusimos mal el nombre porque llamarle 'inteligencia es muy engañoso.

Al pionero español de la IA Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA) del CSIC, esto de las definiciones no parece preocuparlo mucho. "Es muy complicado definir inteligencia. No hay una definición universal consensuada. Nos cuesta poco reconocerla y mucho definirla. Pero tampoco es tan importante, no hay una definición clara y universal de los que es vida y la biología no parece afectada por ello", comentaba en el primer capítulo del nuevo podcast de Xataka: Captcha. Entonces, ¿qué es la IA? "No hay una definición oficial, igual que cada cual tiene sus propios estándares para definir lo que es 'inteligencia'", afirma Kirsch.

Débil y limitada

Lo que existe ahora es una IA débil no general, capaz de resolver muy bien una única tarea, una vez contextualizada

Para contextualizar lo que se entiende por inteligencia artificial, López de Mántaras se remonta a 1980, cuando el que el filósofo John Searle introdujo el concepto de 'IA fuerte' para diferenciar el software y hardware capaz de funcionar como una mente humana (incluso de tener consciencia) de aquellos que pueden simular cada aspecto de esta, pero no toda en su conjunto. "Antes no se hablaba de eso, pero aunque el propio Turing y los pioneros de la IA no lo mencionasen, se referían a ello implícitamente. Creo que tenían en mente que una máquina no solo se limitaría a emular una capacidad concreta sino que sería muy genérica, multitarea y que incluso tendría estados mentales, conciencia", apunta el investigador.

Tal y como comentan los expertos, lo que existe ahora es una IA débil no general, capaz de resolver muy bien una única tarea, una vez contextualizada. Es decir, es limitada, incapaz de sumar aprendizajes como las personas: un sistema de IA puede saber jugar muy bien al ajedrez pero ser incapaz de encontrar un tumor en una imagen. Y, si aprende a identificar tumores, se olvidará de cómo jugar al ajedrez. Es lo que se conoce como 'olvido catastrófico', uno de los principales talones de Aquiles para una IA general, fuerte.

Se habla de un test de Turing total que tenga en cuenta otros aspectos (motores, de percepción, etc.) que el clásico no recoge

Además, López de Mántaras aclara que ningún programa o máquina ha pasado siquiera el test de Turing, que evalúa si una máquina puede tener un comportamiento indistinguible al de un humano por vía textual. Y también asegura que, aunque lo pasase, eso no significaría que es inteligente. "Remitirse únicamente a todo aquello que es verbalizable, que se puede expresar por el medio escrito, como son las preguntas del test de Turing, es delimitar muchísimo lo que es la inteligencia. La inteligencia es mucho más que la capacidad de mantener un diálogo coherente. En todo caso, es un test sobre aquellos aspectos de la inteligencia que puedan ser expresados mediante palabras", explica.

Por eso se habla de un test de Turing total que tenga en cuenta otros aspectos (motores, de percepción, etc.) que el clásico no recoge, comenta el experto. También menciona otras alternativas como el test de Winograd para reconocer si una máquina tiene sentido común. "Este para mí es mucho más interesante y convincente. Significaría que la máquina que lo pasase tendría una comprensión profunda de la semántica del lenguaje", afirma.

Ramon Lopez de Mantaras Ramon López de Mántaras

Al igual que Gervás, López de Mántaras puntualiza que en la comunidad científica no se trabaja con el objetivo de pasar estos test. "En todo caso sería un efecto colateral de los avances en este campo. Si un día hubiera una IA general y fuerte, como consecuencia pasará cualquiera de estos test, pero no son la fuerza que tira de la investigación", asegura. ¿Llegará ese día? "Lo dudo mucho. Veremos avances en sistemas que hagan varias cosas y todas ellas muy bien, pero esto está muy lejos de una auténtica IA general fuerte", señala el experto del CSIC.

Gervás tampoco lo cree: " Una inteligencia general es el santo grial. No tiene solución inmediata y todo lo que se ha avanzado en más de seis décadas de investigación sugiere que requiere de la combinación de muchísimas piezas, muchas de las cuales ni siquiera están desarrolladas ni sabemos cómo combinar". En ese camino, López de Mántaras asegura que le sorprendería que se lograse desarrollar una teoría de la mente computacional , es decir, una arquitectura cognitiva implementable por una máquina. "Sería un paso importante para tener una IA general y quizá fuerte", sostiene.

No da miedo

Para seguir desmitificando a la IA, otro 'escéptico' añade leña al fuego. Se trata de Luciano Floridi, profesor de Filosofía y Ética de la Información en la Universidad de Oxford, donde dirige el Laboratorio para la Ética Digital. "Después de tanto hablar sobre los riesgos que plantean las máquinas ultrainteligentes es hora de poner luz sobre el asunto, dejar de preocuparnos acerca de escenarios de ciencia ficción", señalaba en un ensayo publicado enAeon en 2016.

Entre esos escenarios, por ejemplo, el temor a que la IA pueda avanzar y automejorarse de tal manera y que se vuelva difícil de controlar. Algo que descarta Bengio: "No es así como se construye la IA. El aprendizaje automático requiere de un proceso lento y minucioso para adquirir información a través de millones de ejemplos. "Una máquina se mejora a sí misma, sí, pero muy, muy lentamente, y de formas muy especializadas. Y el tipo de algoritmos usados no se parece en nada a pequeños virus que se autoprograman", aclara.

Otro de los temores acerca de la IA es su uso bélico para crear robots asesinos inteligentes y autónomos. El debate en la comunidad científica se da entre quienes piden la prohibición de tales armas y quienes creen que su uso es conveniente para evitar lo que eufemísticamente se llama 'daños colaterales'. El argumento es que, si una bomba inteligente se dirige únicamente a la persona o grupo a combatir, no morirán personas inocentes.

Kirsch se muestra escéptica: " No hay motivos para pensar que la inteligencia artificial hará de la guerra algo mejor. Quien discuta acerca de estas cuestiones debería hacerlo sobre la base de la tecnología disponible hoy día, no sobre una fantasía que podría o no materializarse en un futuro distante". Gervás añade también un punto de prudencia tecnológica, ya que –dice- "las tasas de error de los sistemas de visión artificial son considerables. Reconoce que usar estas tecnologías con fines bélicos "es una gran tentación" pero se muestra reacio a dedicar la investigación científica "al juego de la guerra".

Frente a ello, Floridi pide " empezar a centrarnos en los retos reales de la IA". Retos como el que plantea Kirsch: resolver problemas reales más allá de la optimización. "Las técnicas de IA actualmente no son diferentes de cualquier otro algoritmo. Son una caja de herramientas que aplicar a determinados problemas, normalmente de optimización. Sin embargo, los problemas del mundo real suelen requerir ir más allá", señala la investigadora. "El problema -prosigue- es que estos algoritmos deben recibir exactamente una variable para maximizar o minimizar. Por ejemplo, para calcular la ruta más corta o más rápida para llegar a un punto. Pero si buscamos algo diferente conforme a lo que tenemos en mente, la máquina no podrá adivinarlo porque no podemos poner esta intuición en números".

LA inteligencia artificial no tiene poder

El ejemplo de Kirsch es solo uno de los muchos que muestran, como dice Floridi, que " la realidad de la IA es más trivial de lo que pensamos". Por eso critica los movimientos que profetizan sobre la singularidad tecnológica: que los humanos algún día seremos superados por máquinas artificialmente inteligentes o por una inteligencia biológica mejorada cognitivamente, o por ambas. A juicio del filósofo e ingeniero de la Universidad de Oxford, la que denomina 'Iglesia de los Singularitarios' está "distrayendo irresponsablemente" con la difusión de sus ideas.

Floridi también critica al bando opuesto -la 'Iglesia de los Ateos'- por enredarse con los 'singularitarios' en una discusión "sin sentido". Como el propio Turing escribió en 1950 en su conocido artículo '¿Puede una máquina pensar?', la propia pregunta es demasiado inútil para merecer una discusión. Y, además -dice el filósofo- ambos se equivocan. "Una IA que piense de verdad, general y fuerte, no es lógicamente imposible, pero sí totalmente inverosímil. No tenemos idea de cómo diseñarla, sobre todo porque tenemos muy poca comprensión de cómo funciona nuestra propia inteligencia y nuestro cerebro", asegura.

Esto significa -en su opinión- que no deberíamos perder el sueño en la posible apariencia de una ultrainteligencia. " Cualquier visión apocalíptica de la IA puede ser ignorada", afirma. "Lo que realmente importa es que la creciente presencia de tecnologías más inteligentes está teniendo enormes efectos en cómo nos concebimos a nosotros mismos, el mundo y nuestras interacciones. Lo importante no es que las máquinas sean conscientes, inteligentes o capaces de conocer algo como lo hacemos nosotros. No lo son. Ninguna entidad consciente emergerá de una máquina de Turing", sostiene el experto.

En su opinión, lo relevante es que cada vez hay más tecnologías que son capaces de lidiar con más tareas mejor de lo que lo hacemos los humanos, y que eso nos desplaza de nuestra posición de antropocentrismo. Es lo que denomina "la Cuarta Revolución de nuestro propio entendimiento". "Ni somos el centro del universo (Copérnico), ni del reino biológico (Darwin), ni de la racionalidad (Freud). Y ahora tampoco los somos de la infoesfera (Turing) sino que la compartimos con las tecnologías digitales, que define como "artefactos ordinarios que nos superan en cada vez más tareas, a pesar de no ser más inteligentes que una tostadora". "Sus habilidades son humildes y nos hacen reevaluar la excepcionalidad humana y nuestro papel especial en el Universo , que sigue siendo único", añade.

Incluso obviando el asunto de cuán inteligente es la IA -comenta Markus por su parte- "lo realmente relevante es cuánto poder tienen los sistemas basados en estas técnicas: qué pueden controlar directamente". Y eso es algo en manos de los humanos: de deciden y rigen su uso. Como suele pasar, el problema no es la tecnología, sino cómo se utiliza.

Así que tenemos una inteligencia artificial que ni es inteligente, ni pasa el test de Turing, ni da miedo. Que, además, es débil y limitada, y su poder no es propio sino otorgado por los humanos. Pero, ojo, no es una IA inútil. Solo hay que saber dirigirla sin perder el norte. Floridi, a modo de 'carta a los Reyes Magos', reivindica los pilares que cree que deben regir su desarrollo: debe ser una IA más ecológica, cuyo centro (su fin, y no su medio) sean las personas, "cuya estupidez funcione en favor de la inteligencia humana" y que nos haga más humanos.



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viernes, 2 de noviembre de 2018

La cadena NH y su servicio Fastpass plantean el adiós a los recepcionistas en los hoteles

La cadena NH y su servicio Fastpass plantean el adiós a los recepcionistas en los hoteles

Imagina un hotel sin recepcionista. Uno en el que haces el check-in y eliges habitación desde el móvil, y que también abandonas haciendo el check-out desde el smartphone. Eso es lo que propone la cadena hotelera NH con su servicio Fastpass.

La idea se ha empezado a aplicar a modo de proyecto piloto, pero los responsables de la cadena creen que con Fastpass los clientes podrán personalizar su experiencia y ahorrar tiempo en esas gestiones. Si todo va como esperan, el recepcionista de hotel podría tener los días contados. O no.

Ahorro de tiempo... y de papel

El servicio funciona de forma sencilla: 48 horas antes de su llegada al hotel el cliente recibe un email de acceso al servicio para que una vez llegue solo tenga que recoger la llave de su habitación.

Fastpass

En ese proceso de confirmación el cliente podrá elegir la habitación que más se adapte a sus preferencias, y desde las 6 de la tarde del día antes de su salida podrá incluso efectuar el pago de cualquier gasto realizado y hacer el check-out online, lo que le permitirá abandonar el hotel sin pasar por recepción.

La cadena hotelera estima que en el primer año de implantación del servicio de forma preliminar más de 12.000 personas habrán salido del hotel sin pasar por recepción ahorrándose 42.000 minutos. Además hay otros ahorros interesantes como el del papel, y se prevé que se evitará el uso de 24.000 folios anuales, una reducción de 460 kg de CO2.

Para esa prueba piloto la cadena ha "digitalizado" 42.000 habitaciones en la gran mayoría de los hoteles que tienen en Europa y América, y todos los clientes de NH podrán disfrutarlo tanto si pertenecen a su programa de fidelización como si no lo hacen.

Tu móvil como llave de la habitación, otro cambio factible

La idea de NH no es del todo nueva: responsables de la cadena hotelera Hilton ya hablaban en 2014 de un servicio de "llaves móviles" que permite a los clientes usar sus smartphones como llaves para sus habitaciones. Geraldine Calpin, directiva de la empresa, comentaba como "muchos de nuestros clientes nos dicen 'quiero evitar pasar por recepción'".

Key

La idea es especialmente atrayente a los viajeros de negocios. Uno de los encuestados en aquellas pruebas piloto de Hilton lo dejaba claro: "he estado en muchos hoteles en los que al final del día, estás cansado y tienes que esperar en la cola a que te atiendan en recepción".

Esos cambios implican desde luego un control aún más férreo de la seguridad de estos sistemas, que cederían el control a una aplicación en los móviles de los clientes. Otras cadenas como Starwood, Hyatt, Marriott o IHG han implantado este tipo de solución a distintos niveles, y la alternativa al hotel de toda la vida parece planear sobre este negocio.

Esas experiencias han ido algo más allá en hoteles como el Weird Hotel —el nombre le va al pelo— de Sasebo, Japón. La recepcionista es un robot que a través de una pantalla va guiando al cliente en el proceso del check-in o el check-out.

Hotel, sigo queriendo un recepcionista

Las implicaciones son importantes en varios ámbitos**. El primero, el del empleo**: las cadenas podrían no tener que contratar tanto personal para la recepción y ahorrarían esos puestos, pero a priori no parece que los recepcionistas puedan desaparecer tan fácilmente: muchos clientes prefieren el trato directo con una persona, lo que seguiría haciendo indispensable contar con esas recepciones.

Weird1 En el Weird Hotel de Sasebo, en Japón, somos atendidos por un robot. Fuente: The Guardian.

También está el problema de la amortización de esas inversiones. La propia Geraldine Calpin indicaba en Financial Times como Hilton había invertido más de 100 millones de dólares para desarrollar e instalar la tecnología de llaves móviles, además de otros 550 millones en la infraestructura necesaria para poder poner en marcha tanto la aplicación como los sistemas de gestión en los hoteles.

Es por tanto un coste importante para las cadenas hoteleras, que no obstante plantearían ventajas evidentes a sus clientes. La automatización vuelve a dar un paso interesante, aunque no es probable que esa necesidad de trato directo (por ejemplo a la hora de resolver problemas) plantee una amenaza para el recepcionista de hotel a corto o medio plazo.



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jueves, 1 de noviembre de 2018

¿Cómo debería comportarse un robot en la cola del supermercado?

Los expertos apuestan por el desarrollo de máquinas que sepan interactuar con humanos en situaciones cotidianas

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Inteligencia Artificial: ¿es realmente predecible el comportamiento de los usuarios?

A día de hoy hablar del impacto de la Inteligencia Artificial en el ámbito laboral es, ya, una realidad. De hecho, esta tendencia ha experimentado un crecimiento reseñable en el último año en España, según el informe «Realidad y perspectivas de la IA en España, 2018», elaborado por PwC en colaboración con Microsoft, el 80% de los directivos afirma que la inteligencia artificial se convertirá en una ventaja competitiva y propiciará una transformación profunda en sus organizaciones. Además, señala que más de la mitad de las empresas líderes en España ha desplegado ya soluciones de IA. Un dato que no es de extrañar atendiendo a que esta tecnología propiciará un ciclo de crecimiento económico que podría duplicar el valor de la economía digital actual en 2025, según refleja el Índice de Conectividad Global (GCI) realizado por Huawei. En esta línea, una de las áreas en la que más se está explotando la IA es el marketing. El ejemplo más representativo es, sin duda, el bot marketing, el cual ha experimentado una evolución acelerada en España. Una tendencia que nos muestra que la automatización de procesos gracias a la ayuda de robots es un facilitador de los procesos «marketinianos» que puede, incluso, hasta mejorarlo. De este modo, la combinación de IA y marketing se resume en agilidad, rapidez y respuesta programada… O lo que es lo mismo, eficiencia. Todo ello invita a preguntarse, ¿es completamente predecible el comportamiento del usuario? La IA permite diseñar una serie de respuestas acorde al lenguaje del usuario, analizando en un breve periodo de tiempo millones de actuaciones comprendidas en diferentes escenarios. Por lo que se puede afirmar que sí, sí es predecible el comportamiento. Sin embargo, cabe resaltar que el conocimiento que multitud de organizaciones tiene de sus clientes es bastante superficial (sexo, edad, ubicación y poco más…), por lo que la implementación de esta técnica no está aún en su punto álgido, de hecho, se debe seguir trabajando en ello y desarrollándolo. Empezando por conocer verdaderamente a los clientes y continuando por descifrar ciertos criterios, como la ironía, que las máquinas todavía no consiguen «comprender». En este contexto, la IA ha irrumpido de manera contundente en la automatización de tareas dentro del ámbito profesional, facilitando y agilizando procesos, y, sobre todo, proporcionando observaciones y tendencias que de otra forma no serían posibles de extraer, al ser capaz de analizar grandes conjuntos de datos en pocos segundos. Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer. En los años venideros se va a llevar a cabo una potente evolución, y el marketing va a ser uno de los campos más beneficiados por la implantación de esta inteligencia… Y con ello el propio usuario será el más beneficiado obteniendo una respuesta más eficiente y acertada que la que le puede ofrecer el propio humano. Esteban García, experto en IA, transformación digital y customer experience. Socio director en Hydra.digital

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