martes, 27 de noviembre de 2018
¿Vivimos en la era de los androides asesinos?
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Este brazo robótico nos da de comer de forma autónoma para que nosotros sólo nos preocupemos de socializar

Estamos en una cena y en lugar de charlar con nuestra pareja tenemos que preocuparnos por comer y usar nuestras manos para llevar el alimento a nuestra boca. Bueno, pues esto es lo que un grupo de investigadores busca evitar con la creación de 'Arm-A-Dine', un brazo robótico que nos alimentaria mientras nosotros nos preocupamos por interactuar con otras personas al momento de estar comiendo.
Un grupo de investigadores del Laboratorio de Juegos de Exerción en la Universidad RMIT en Australia y del Instituto Indio de Diseño de Tecnología de la Información crearon esto, cuyo objetivo es hacer que el momento de comer sea "una experiencia más social".
"Un sistema de alimentación centrado en la experiencia social"
Se trata de un invento por demás curioso, ya que según sus creadores la mayoría de los avances tecnológicos se centran en la preparación de alimentos y no en la experiencia de consumirlos. Según explican, 'Arm-A-Dine' fue diseñado para aumentar la experiencia social de comer, un "sistema de alimentación para dos personas que se centra en una experiencia de alimentación compartida".
Y es que lo atractivo de esto es que sería capaz de alimentar tanto al portador del robot como a su acompañante en la mesa. 'Arm-A-Dine' consiste en un chaleco con un brazo robótico, el cual está equipado con un sistema de reconocimiento facial a través de un smartphone, el cual ayudaría a determinar si la persona está lista para recibir el alimento.
Dicho sistema de reconocimiento facial se basaría en las expresiones en el rostro, si sonríe, el brazo le ofrecerá comida; si por el contrario, la persona expresa descontento, el brazo sabría que esa persona no desea alimento en ese momento.
Según sus responsables, 'Arm-A-Dine' es una respuesta ante una creciente "epidemia de soledad", la cual estaría provocando que las personas coman acompañadas de sus smartphones y eviten la interacción con otras personas, y es que, aseguran, comer es y debe ser un evento social.
'Arm-A-Dine' es apenas un prototipo y hasta el momento no hay planes de comercialización, por ello su funcionamiento es básico, por lo que el brazo robótico tiene movimientos limitados y sólo es compatible con algunos alimentos, además de que está programado para detenerse a diez centímetros de la boca del usuarios por seguridad.
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lunes, 26 de noviembre de 2018
Un robot dotado de inteligencia artificial toca la campana en Bolsa para el debut de Airtificial
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InSight, el módulo espacial que hurgará en los interiores de Marte
“Es la primera misión que va a estudiar el interior profundo de Marte”, dijo a Efe el español Fernando Abilleira, subdirector de diseño y navegación del InSight y parte del equipo multidisciplinar e internacional que conforma la misión.
“Al estudiar la propagación de las ondas bajo la superficie de Marte, a través de su sismómetro, vamos a tener más información sobre como el planeta ha evolucionado” en los últimos 3.000 millones de años, agregó.
Abilleira, con 17 años de servicio en proyectos espaciales de NASA, es parte de los ingenieros y científicos que desde hoy estudiarán en el Laboratorio de Propulsión de esta agencia (JPL-NASA), en Pasadena (California), los “signos vitales” del vecino planeta, como sus “pulsaciones, temperatura”.
Ahondó el español que a través de un “seguimiento de precisión” observarán “hasta los reflejos” durante los dos años de “experimentos primarios” que implicará la misión.
Para ampliar el conocimiento sobre la formación de Marte y de otros planetas rocosos, como la Tierra, se usará el Experimento Sísmico para la Estructura Interior (SEIS), un sismómetro fabricado por el Centro Nacional de Estudios Aeroespaciales de Francia (CNES) y que detectará “cualquier movimiento en la superficie de Marte”, explicó Abilleira.
Las vibraciones que serán registradas por el SEIS podrían ser ocasionadas por el impacto de un meteorito o por un pequeño terremoto, si bien la actividad sísmica del “planeta rojo” es menor a la de la Tierra.
“Al estudiar el movimiento de las ondas que se propagan bajo la superficie de Marte, podremos tener una mejor comprensión de la composición, la estructura del núcleo, el manto y la corteza del planeta”, agregó.
La otra herramienta que adquiere protagonismo es la Sonda de Propiedades Físicas y Flujo de Calor (HP3), construida por el Centro Aeroespacial de Alemania (DLR), que será implantado en suelo marciano a unos 5 metros de profundidad.
“Este instrumento lleva unos sensores térmicos que van a recoger información sobre la actividad termal del planeta rojo”, señaló Abilleira, quien destacó que España ha aportado a esta misión una estación ambiental (REMS, por sus siglas en inglés) dotada de sensores meteorológicos para el entorno marciano.
Este especialista en trayectoria de vehículos espaciales y que trazó la ruta del robot Curiosity, el cual llegó al planeta rojo en agosto de 2012, señala que “aterrizar en Marte es muy complicado”.
“La velocidad de entrada atmosférica es de aproximadamente unos 20.000 kilómetros por hora y en menos de 7 minutos tenemos que reducir esa velocidad a 5 kilómetros por hora”, dijo Abilleira, graduado de la Saint Louis University, en Missouri.
El viaje concluye hoy
Al cabo de una viaje de más de 6 meses, la misión InSight atravesará sobre las tres de la tarde de hoy, hora del este en EEUU, la atmósfera marciana y se posará en la superficie. Un brazo robótico desembarcará los instrumentos científicos que serán instalados en suelo marciano.
Forman parte de la misión, dos vehículos Mars Cube One (MarCO), que por primera vez serán probadas en el “espacio profundo”, como dijo Abilleira, y que con el soporte de componentes miniatura probarán un nuevo método de retransmitir información a la Tierra.
La misión Insight (Interior Exploration using Seismic Investigations, Geodesy and Heat Transport) se abocará a una investigación inédita que se espera arroje pistas sobre cómo se originó el Sistema Solar hace aproximadamente 4.600 millones años, y de paso cómo se distribuyó la vida en él. EFE
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InSight se prepara para sus siete minutos de terror
Está previsto que la misión Insight de la NASA llegue a Marte hoy hacia las 19.00 horas GMT, momento en el que habrá recorrido en seis meses los más de 90 millones de kilómetros que le separan de la Tierra.
Los “siete minutos de terror” son los más delicados de la misión, cuando atraviese la atmósfera a casi 20.000 kilómetros por hora y en ese tiempo tenga que reducir su velocidad a solo cinco kilómetros para poder posarse con seguridad en la superficie marciana.
“Es una de las partes más intensas de mi misión. Empieza cuando llegue a la zona alta de la atmósfera marciana y dura unos seis minutos y medio, hasta que aterrice con seguridad”, explicó hace unas horas InSight junto a una de las muchas recreaciones del momento que ha subido a su Twitter.
Se trata de un proceso que puede calificarse de cualquier cosa menos fácil. De hecho, el módulo Schiaparelli del proyecto ExoMars no superó esa complicada fase y acabó hecho pedazos contra el planeta rojo en octubre de 2017.
Amartizaje en directo desde Times Square
La Nasa ha querido dar vida propia al módulo espacial en las redes sociales, una manera de acercar su misión y la ciencia al gran público, que podrá seguir el arriesgado amartizaje en directo incluso en la neoyorquina plaza de Times Square.
InSight se ha revelado como un ingenio con sentido del humor. “Es bueno que los robots no puedan sudar. Solo dos días más en el maratón para llegar a Marte”.
Pero también con ganas de llegar a su destino final: “#Marte voy hacia ti. Dejé la Tierra hace 200 días y ahora estoy a solo cinco días de aterrizaje en Marte”, tuiteó el aparato el pasado día 21, junto a un GIF en el que se veía un recreación de su amartizaje.
Una vez en Marte, si todo va bien, InSight tiene un largo trabajo por delante para analizar “el corazón” del segundo planeta más pequeño del Sistema Solar, después de Mercurio.
Hasta ahora las misiones a Marte han capturado imágenes de la superficie, estudiado rocas, excavado en la tierra y buscado pistas sobre el agua que alguna vez fluyó, pero nunca se ha indagado en su interior.
El módulo espacial auscultará así el interior del planeta para lo que usará una excavadora mecánica que perforará a cinco metros de profundidad, donde medirá la temperatura interna y seguirá cualquier movimiento interno con ayuda de un sismógrafo.
Pero antes todas las miradas estarán fijas en las pantallas de control de la NASA para saber si InSight logra el aterrizaje, para lo que, según sus propias palabras, hay que saber cinco cosas.
“Aterrizar en Marte es difícil. Usaré tecnología de probada eficacia. Aterrizaré en el aparcamiento más grande de Marte. Estoy fabricado para aterrizar en medio de una tormenta de arena. Descubriré cómo se forman los planetas rocosos”. EFE
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Este pequeño robot se inspira en animales anfibios como las ranas para poder saltar fuera del agua por si solo

Hemos visto robots de todos los tipos; inflables, granjeros, saltarines y hasta sexuales. Ahora conocemos el trabajo de Sunghwan Jung, profesor asociado en la Universidad de Cornell. Junto a Brian Chang, uno de sus alumnos, el ingeniero y biólogo ha publicado su investigación sobre el salto de los copépodos y las ranas y cómo han creado unos pequeños robots capaces de imitar el salto vertical de estos animales acuáticos.
A través de recolectar datos sobre estos animales acuáticos y estudiar dinámica de fluidos, han elaborado un robot con un tamaño de un par de centímetros que es capaz de impulsarse y saltar fuera del agua. Para la construcción de este robot, que de momento no ha salido del laboratorio, se ha estudiado la mecánica que utilizan desde diminutos crustáceos de un milímetro hasta los animales de varios metros como las ballenas o los delfines.
Estudiando el salto de los animales para aplicarlo a los robots
Impulso de las ranas al saltar, un movimiento en el que se inspira este pequeño robot.Suele decirse que la naturaleza es sabia y en función del tamaño de cada animal el cuerpo utiliza un mecanismo diferente para realizar el impulso. Una vez examinado en detalle cómo funciona el salto de cada animal, han establecido las fórmulas concretas que relacionan el tamaño y la forma del robot con el impulso necesario.
Pese a que puede parecer un movimiento trivial, la densidad del agua es mucho mayor que la del aire y esto es un desafío a la hora de configurar los movimientos de los robots. Los animales disponen de músculos capaces de ejercer la fuerza necesaria, pero los robots suelen ser demasiado rígidos.
Es por esto que el grupo liderado por el profesor Jung ha apostado por fabricar un robot con un diseño simple. La forma es similar a la bisagra de una puerta impresa en 3D, pero con una goma que envuelve todo el perímetro. A la hora de saltar, el pequeño robot se desprende de la cuerda que lo sujeta, arrastra todo el agua hacia el exterior y la propia reacción del agua le lleva a realizar el salto.

"Imaginad que intentáis saltar de la piscina con un abrigo mojado" explica el profesor. Para poder saltar, muchos animales consiguen que el agua se aleje del cuerpo para así lograr un mayor impulso pero con las primeras pruebas no conseguían que el agua despejada fuera en la dirección correcta.
Después de examinar durante un tiempo a los animales, estos biólogos han presentado esta semana en la 'American Physical Society Division of Fluid Dynamics' de Georgia sus resultados. Un pequeño robot que marca el inicio para que estos dispositivos con partes móviles puedan adaptarse mejor al agua y sean capaces de saltar fuera de ella como hacen los anfibios. Una investigación que de momento se ha aplicado únicamente en aguas estáticas y dentro de laboratorio pero cuyo mecanismo podría extenderse a más usos, sobre todo una vez la parte teórica permite conocer en detalle cómo aplicar el impulso necesario.
Vía | TechXplore
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sábado, 24 de noviembre de 2018
Mapas mejorados gracias a la inteligencia artificial que ayudan a proteger el medioambiente

Chesapeake Conservancy es un grupo ecologista que lucha por la conservación de toda la cuenca de la bahía homónima. Hace dos años, presentó uno de los mapas de más alta resolución jamás realizados en los EE.UU, de un territorio que abarcaba 259.000 kilómetros cuadrados, con 207 ciudades y condados rurales.
Este mapa estaba basado en imágenes satelitales actualizadas y contaba con una resolución de un metro, frente al anterior era de 2011 y su resolución era de 30 metros: esto significaba que un único píxel de este mapa ya no representaba todo una finca, sino que permitía identificar cultivos individuales.
El mapa constaba de 80.000 celdas, equivalentes cada una de ellas a unos 33,7 kilómetros cuadradas, que tras ser analizadas por un ordenador, fueron revisadas una a una por humanos para clasificar la cobertura del suelo (vegetación, agua, hormigón, etc), una labor que requirió de un equipo de 30 personas trabajando durante 10 meses.
Algoritmos para identificar cultivos, lagos y carreteras
El análisis computerizado del mapa se llevó a cabo mediante el uso de la herramienta de código abierto Microsoft Cognitive Toolkit 2.0 y de la nube de Azure, gracias a la colaboración entre los ecologistas y el programa AI for Earth puesto en marcha por Microsoft.
Esto ha permitido a Chesapeake Conservancy usar un software capaz de analizar e identificar cada elemento del mapa gracias al aprendizaje automático: "Su cerebro contiene un algoritmo que ha sido entrenado para identificar imágenes: 'Eso es un árbol, eso es un coche, eso es una barca'", explica el responsable de medio ambiente de Microsoft, Lucas Joppa.
En el blog de Medioambiente de Microsoft resumen los retos a los que se enfrentan a la hora de intentar elaborar esta clase de mapas:
"Los mapas de cobertura terrestre en tiempo real y de alta resolución pueden guiar los esfuerzos de conservación, pero la creación de estos mapas utilizando las imágenes disponibles y el seguimiento de los cambios a lo largo del tiempo requiere complejos algoritmos y recursos informáticos[...] capaces de seguir el ritmo de la creciente velocidad de recopilación de datos".
Gracias a lo aprendido trabajando con el mapa de la bahía, Microsoft pudo recurrir a su Proyecto Brainwave para procesar 200 millones de imágenes satelitales en tan sólo 10 minutos (y por un coste de menos de 40€) y generar inmediatamente a continuación un borrador del mapa de cobertura terrestre de todos los Estados Unidos.
Estos mapas de alta resolución permitirán ahora a los grupos ecologistas evaluar los cambios sufridos por el entorno a una frecuencia mucho mayor, y concentrarse allí donde los cambios son más rápidos y agresivos. Por eso Chesapeake Conservancy está ahora colaborando con grupos de otras regiones de los EE.UU (Iowa, Arizona, los Grandes Lagos) para generar nuevos mapas, gracias a la capacidad de procesamiento que les confiere la tecnología de Microsoft.
Sin embargo, no todo lo aprendido en Chesapeake es exportable a otras zonas: por ejemplo, el algoritmo de aprendizaje automático, entrenado en analizar los tonos azul y verde de la cuenca del Chesapeake, no mostró un buen rendimiento al enfrentarse a los colores beige y arenisca que dominan el paisaje árido de Arizona.
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